Javier Argüello: “Por más que a tu empresa le vaya muy bien, si el mundo se jode, no te va a ir tan bien”
Florencia Tuchin
octubre 27, 2026

¡Hola! Esta semana conversé con Javier Argüello, escritor y ensayista que trabaja en el cruce entre las ciencias y las humanidades y asesora a organizaciones en la construcción de su propósito. Este viernes será uno de los oradores de la XXIV Jornada Anual del GDFE, que lleva por lema Redefinir los límites.


Javier Argüello: “Por más que a tu empresa le vaya muy bien, si el mundo se jode, no te va a ir tan bien”

 

Argüello trabaja en España con consultoras que acompañan a empresas en procesos de transformación cultural y búsqueda de propósito. Su especialidad consiste en desarrollar las narrativas de las organizaciones para contribuir a su transformación. En paralelo, como escritor, explora los grandes relatos que construyeron el imaginario de Occidente y que, según plantea, todavía condicionan nuestra manera de entender el mundo.

Una de las cuestiones que le interesa abordar es cómo llegamos a privilegiar aquello que podemos medir y cuantificar, mientras dejamos en segundo plano otros conocimientos y dimensiones de la vida social. Para Argüello, este enfoque también ayuda a comprender por qué resulta tan difícil incorporar el propósito y el impacto a la actividad empresarial.

—Desde tu perspectiva, ¿cuáles son hoy los límites más desafiantes?

—Estamos muy acostumbrados a manejarnos con baremos medibles y cuantificables, y lo que no cabe dentro de lo medible y lo cuantificable no sabemos qué hacer con eso. Hay habilidades más blandas que no sabemos bien cómo medir y que, por lo tanto, se han quedado afuera del panorama durante muchos años. Estamos tratando de incorporar con qué sentido hacemos lo que hacemos, qué le queremos entregar a la sociedad más allá de un buen producto y un buen servicio, cómo impactamos.

En ese sentido, Argüello observa una diferencia entre las herramientas disponibles para evaluar los resultados económicos y aquellas que buscan medir los impactos de las organizaciones. “Las métricas de impacto todavía están muy verdes”, señala. Mientras sabemos medir los riesgos, los beneficios y otras variables económicas, considera que todavía no tenemos la misma capacidad para evaluar el impacto.

El escritor vincula esta manera de evaluar los resultados con una transformación más amplia del mundo empresarial: el pasaje de una concepción centrada exclusivamente en beneficiar a los accionistas hacia otra que busca considerar a todos los grupos de interés. Un cambio que, desde su perspectiva, forma parte de una revisión más profunda de los relatos con los que interpretamos la realidad.

La cuestión también aparece cuando hablamos de especialización. Para Argüello, uno de los riesgos es perder de vista el sentido general de aquello que hacemos. “Si cada uno se especializa en lo suyo, nadie está tomando en cuenta el sentido general de lo que hacemos”, sostiene.

—Vivimos una época de avances científicos y tecnológicos extraordinarios, pero todavía no logramos resolver problemas como la desigualdad y la crisis climática. ¿Por qué nuestra capacidad para producir conocimiento no siempre se traduce en una mayor capacidad para transformar la realidad?

—Yo creo que en gran parte por la parcialización, por la especialización de cada uno en su respectiva disciplina. Tomar en cuenta una sola variable a la hora de medir tus resultados es peligrosísimo.

Y ofrece un ejemplo vinculado con las empresas: si solamente se considera la rentabilidad, se dejan de lado otras cuestiones, entre ellas cómo se consigue esa rentabilidad y qué consecuencias puede tener.

Al ser consultado sobre cómo distinguir los límites que necesitamos superar para innovar y crecer de aquellos que deberíamos preservar por razones éticas o para proteger derechos. Argüello plantea otra pregunta: “¿Estamos seguros de que nosotros necesitamos innovar y crecer?”.

Su respuesta apunta a uno de los relatos que, según plantea, construyeron nuestra manera de pensar: la idea de que el tiempo es lineal, avanza hacia adelante y, por lo tanto, lo nuevo es necesariamente mejor que lo anterior. Esa concepción, continúa, nos llevó a asumir que “lo nuevo es mejor que lo viejo”.

Argüello señala que este relato también tiene consecuencias sobre los conocimientos que valoramos. Por ejemplo, puede llevarnos a considerar que los saberes de las culturas antiguas o de las personas mayores tienen menos valor simplemente porque pertenecen al pasado. “Se trata de revisar estos relatos para ver qué se nos perdió en el camino”, reflexiona.

La revisión de nuestras ideas también alcanza a la forma en que entendemos la competencia y la colaboración. Para Argüello, uno de los grandes cambios que tenemos por delante es comprender que las personas y las organizaciones no existen de manera aislada.

—¿Qué deberíamos cambiar en nuestras formas de pensar y trabajar para que la colaboración entre sectores genere transformaciones reales y no quede reducida a una declaración de buenas intenciones?

—Yo creo que es el cambio que le toca a la humanidad, que es un cambio de conciencia, un salto de conciencia. Entender que no somos individuos, que somos conjuntos.

Para explicar esta idea, Argüello recuerda una visita al yacimiento arqueológico de Atapuerca, en España, junto con un grupo de empresarios del Círculo de Impacto, una iniciativa con la que colaboró en la definición de su propósito. Durante el recorrido, un antropólogo les compartió una frase que le quedó grabada: “Competir es de incompetente”.

Para Argüello, pensar que la competencia sigue siendo una herramienta válida de avance es algo que deberíamos empezar a cuestionar. Y considera que comprender nuestra interdependencia es uno de los grandes cambios que tiene por delante la humanidad.

Argüello plantea que el futuro de una empresa no puede separarse del contexto en el que desarrolla su actividad. Incluso cuando una organización obtiene buenos resultados económicos, su porvenir también depende de lo que sucede a su alrededor. “Por más que a tu empresa le vaya muy bien, si el mundo se jode, no te va a ir tan bien”, resume.

Estas reflexiones serán parte de su participación en la XXIV Jornada Anual del Grupo de Fundaciones y Empresas (GDFE), que se realizará el viernes 30 de octubre bajo el lema Redefinir los límites. Su propuesta será recorrer algunos de los grandes relatos que moldearon la visión occidental del mundo y explicar cómo llegamos a privilegiar lo medible y lo cuantificable. Una manera de empezar a comprender, como él mismo plantea, “por qué pensamos como pensamos”, para poder cuestionarlo y pensar cómo nos gustaría ver las cosas a partir de ahora.


La pobreza es el tema que concentra las principales expectativas de los argentinos en el viaje de León XIV a nuestro país

La pobreza y la paz internacional son los dos temas que los argentinos consideran prioritarios para el papa León XIV, según un relevamiento del Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina, del Observatorio de las Creencias en Argentina (OCreAR), de la Universidad de Buenos Aires (UBA). El estudio revela que el 43,2% de los encuestados espera que el pontífice se concentre en la pobreza, mientras que el 20,6% señala la paz internacional. Más atrás aparecen la transparencia de la Iglesia (9,7%), las migraciones (6,9%) y el medio ambiente (5,1%).

La importancia atribuida a una eventual visita papal al país divide prácticamente en partes iguales a la población: el 49,3% la considera algo o muy importante, frente al 50,7% que la juzga poco o nada importante. Las diferencias son especialmente marcadas según la edad y el lugar de residencia. Entre las personas de 50 años y más, el 58,3% valora positivamente la visita, frente al 39,8% de los jóvenes de 16 a 29 años. En el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), solo el 35,5% la considera importante, mientras que en el resto del país la proporción asciende al 56,2%.

La pobreza adquiere especial relevancia entre los jóvenes de 16 a 29 años, quienes la mencionan en el 49,2% de los casos, y entre los residentes del AMBA, donde alcanza el 50,9%. Se observa así un contraste: los jóvenes son quienes menos importancia atribuyen a la visita y quienes menos esperan que los acerque a la religión o la espiritualidad, pero también quienes más reclaman que el Papa priorice la pobreza. Por su parte, la paz internacional preocupa especialmente a las personas de 30 a 49 años (24,8%) y a las de 50 años y más (23,6%), frente al 12% de los jóvenes.

“Los resultados de este relevamiento muestran que las expectativas sobre León XIV se concentran en su capacidad de intervenir frente a los grandes desafíos sociales y globales. Más que las cuestiones doctrinales o internas de la Iglesia, la pobreza y la paz aparecen como las demandas centrales de la sociedad argentina hacia el nuevo pontificado”, señala Marcos Carbonelli, director del Observatorio de las Creencias en Argentina. En la misma línea, Juan Cruz Esquivel, director del Barómetro, destaca que la valoración positiva de la figura papal no necesariamente se traduce en un mayor acercamiento personal a la religión o en un fortalecimiento de las búsquedas espirituales.


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