El costo oculto de la vivienda: qué resignamos para sostener un hogar
Florencia Tuchin
octubre 13, 2026

¡Hola! Esta semana quiero detenerme en una pregunta: ¿qué dejamos de lado para poder pagar el lugar donde vivimos? Para explorarla, vamos a recorrer el informe Un hogar, pero ¿a qué costo?, de Hábitat para la Humanidad Internacional, que pone el foco en los costos menos visibles de la vivienda: los alimentos que recortamos, los ahorros que consumimos y los proyectos que postergamos. En Otra Economía me interesa explorar qué decisiones públicas, herramientas financieras y formas de organización pueden ayudarnos a tener un hogar sin resignar otras condiciones necesarias para vivir bien.


El costo oculto de la vivienda: qué resignamos para sostener un hogar

Pagar el alquiler o sostener una casa puede implicar comer más barato, sumar horas de trabajo o postergar una consulta médica. El 75% de las personas encuestadas para un nuevo informe de Hábitat para la Humanidad Internacional afirmó haber reducido al menos un gasto durante el último año para afrontar los costos de vivienda. El dato muestra una dimensión de la crisis habitacional que no siempre aparece en los precios: aquello a lo que las personas renuncian para conservar un hogar.

El informe se basa en una investigación realizada entre abril y junio a 30.758 personas en 22 países, entre ellos Argentina, Brasil, Guatemala y México. Los resultados generales provienen de una muestra principal de 22.000 personas, complementada con relevamientos específicos de sectores de bajos ingresos y personas en situaciones habitacionales informales.

“Las personas pueden tener donde vivir, pero eso no significa que su vivienda sea asequible, segura, estable, digna, sana o capaz de sostener la vida que intentan construir”, señala el documento. Entre las personas encuestadas, el 33% gastó menos en alimentos o provisiones para afrontar los costos habitacionales, el 32% utilizó ahorros o fondos de emergencia, el 31% tomó trabajos adicionales y el 13% postergó o evitó la atención médica.

Esas decisiones aparecen en el testimonio de Joanette, una mujer de 64 años que vive en una casa que pertenece a su familia desde hace casi siete décadas, en Trinidad y Tobago. “Siempre es un sacrificio”, cuenta en el informe. “Algunos meses toca priorizar unas cosas sobre otras. Pagas una factura, pero dejas otra pendiente. Este mes comes bien, pero el mes siguiente cuidas lo que comes”. Su historia ilustra que la presión habitacional también alcanza a quienes tienen una vivienda propia y deben afrontar reparaciones y mantenimiento.

La posibilidad de seguir sosteniendo esos gastos genera incertidumbre. El 48% de las personas encuestadas teme que un problema inesperado ponga en riesgo su capacidad de mantener la vivienda. A su vez, el 35% identifica la vivienda como una de las principales fuentes de estrés en su vida. En Argentina, esa proporción alcanza el 28%. Entre las personas relevadas que viven en condiciones informales, el porcentaje llega al 64%, aunque el estudio aclara que esta muestra específica no permite extrapolar los resultados al conjunto de esa población.

La falta de alternativas también obliga a aceptar condiciones inseguras. Cuatro de cada diez personas encuestadas afirman asumir riesgos relacionados con su vivienda porque no pueden acceder a opciones más seguras. Además, el 18% considera que su hogar no la protege de condiciones climáticas extremas, como calor, frío o inundaciones. El problema combina capacidad de pago, calidad de las construcciones y exposición a amenazas ambientales.

La presión se extiende a las decisiones sobre el futuro. El 56% afirma que los costos de vivienda dificultan considerar la posibilidad de formar una familia. Entre madres, padres y cuidadores, el 58% teme que esos costos limiten las oportunidades que pueden brindar a los chicos y chicas a su cargo. Las generaciones más jóvenes son más propensas a asumir trabajos adicionales y postergar planes: sostener el presente reduce el margen para construir lo que viene.

Frente a este diagnóstico, Hábitat para la Humanidad plantea una combinación de respuestas: alquileres seguros y asequibles, vivienda social, cooperativas, iniciativas gestionadas por las comunidades y mejoras de las casas existentes. Hay apoyo entre las personas consultadas para ampliar estas alternativas: el 77% vería con buenos ojos que hubiera más viviendas asequibles o sociales en su zona.

Para los gobiernos, el informe propone dar continuidad a la política habitacional mediante recursos sostenidos, responsabilidades claras y metas medibles. Entre las herramientas menciona terrenos públicos, subsidios, garantías e incentivos fiscales para ampliar la inversión, acompañados de requisitos de asequibilidad, calidad, sostenibilidad ambiental y protección contra el desplazamiento. “La vivienda debe considerarse una infraestructura central para la salud, la educación, el transporte, la protección social, la resiliencia climática y la movilidad económica”, sostiene.

Otra línea de acción consiste en invertir en las viviendas que las familias ya habitan. Reparar techos, mejorar la ventilación, incorporar saneamiento o reforzar estructuras puede ser una vía para avanzar hacia condiciones adecuadas. El documento recomienda acompañar el financiamiento con asistencia técnica, materiales de calidad y servicios de construcción confiables, para evitar obras inconclusas, sobrecostos y nuevas deudas que las familias no puedan sostener.

Un caso presentado es MicroBuild, una iniciativa de Hábitat para la Humanidad que canaliza capital y asistencia técnica a través de instituciones de microfinanzas. Su primer fondo, lanzado en 2012, permitió ofrecer pequeños préstamos para reparar, mejorar o construir viviendas de manera progresiva. Según los datos incluidos en el informe, hasta 2025 el fondo de US$100 millones había desembolsado US$230 millones mediante la recirculación de recursos y alcanzado aproximadamente a 1,18 millones de personas en 33 países.

El documento agrega que el 78% de las instituciones participantes reportó mejoras en las condiciones de los préstamos, incluida una mayor asequibilidad y tasas de interés más bajas. Estos resultados muestran el alcance del mecanismo, aunque por sí solos no permiten establecer cuánto mejoró el bienestar de las familias. El propio informe señala un límite para las estrategias basadas en crédito: “El financiamiento de la vivienda no debería generar deudas insostenibles para las familias con menos recursos. No todas las familias quieren o pueden permitirse pedir un préstamo”. Por eso también propone ayudas para el alquiler, subsidios y viviendas financiadas con recursos públicos.

Las comunidades tienen un papel en el diseño de las respuestas. El informe recomienda que participen en la definición de los problemas, las prioridades y las soluciones, mediante encuestas a residentes, mapeos y espacios de decisión. En los asentamientos informales, propone apoyar mejoras graduales en el lugar, fortalecer la seguridad de la tenencia y proteger los vínculos sociales y los medios de vida. “Las organizaciones deben evitar tratar a los residentes simplemente como beneficiarios”, advierte.


La casa propia, un horizonte que se aleja

En Argentina, el 26% de las personas encuestadas que no tienen vivienda propia no espera llegar a tenerla. La proporción alcanza el 56% en Canadá, el 52% en Australia y el 50% en el Reino Unido, según el informe de Hábitat para la Humanidad. Entre quienes no son propietarios y creen que nunca lo serán, las principales barreras en el conjunto de los países relevados son los precios demasiado altos (53%), los ingresos insuficientes (50%) y la falta de ahorros para el pago inicial (41%).

Sin embargo, la aspiración persiste entre las generaciones más jóvenes: el 81% de las personas de la generación Z y los millennials que todavía no tienen vivienda propia espera conseguirla algún día. El deseo también está ligado a la siguiente generación: el 87% de madres, padres y tutores considera importante contar con una casa que puedan dejar a los chicos y chicas a su cargo.

El informe propone ampliar la mirada sobre cómo alcanzar esa estabilidad. “Ser propietario de una vivienda no es la única ruta para un futuro seguro. El alquiler estable, la tenencia segura y otros acuerdos de vivienda también pueden brindar continuidad y control”, señala. El desafío es que las distintas formas de acceso permitan permanecer en un hogar, afrontar sus costos y planificar a largo plazo.


Apoyá a Otra Economía

Si el contenido de Otra Economía te inspira y te motiva, para nosotros es muy importante que lo compartas con personas que también puedan estar interesadas para que se sumen a esta comunidad. La difusión en redes nos resulta muy valiosa.

Por último, tu aporte económico nos permite sostener el espacio e invitar a más autores a traer sus perspectivas.

Gracias por ser parte de Otra Economía y por tomarte este tiempo para ayudarnos a crear más impacto positivo.


Una nueva imaginación moral para restaurar lo común
Javier García Moritán reflexiona sobre los desafíos de la filantropía tras el Wings Forum y plantea la necesidad de invertir en la colaboración, imaginar nuevas instituciones y actuar con gran coraje. Lee la nota acá.


Una científica y una emprendedora marplatenses convierten residuos en biomateriales y productos de diseño

Ante la necesidad global de reemplazar los plásticos sintéticos por materiales más sustentables, la biotecnóloga e investigadora del Conicet Melina Nisenbaum y la diseñadora Rocío Errecaborde se unieron para fabricar biomateriales a partir de residuos y crear objetos de diseño.

Rocío, creadora de la marca +USO, había comenzado a desarrollar un “biocuero” a partir de residuos de “Kombucha” (una infusión a base de té y levaduras). Sin embargo, la estacionalidad (los residuos se generan cada seis meses) y el limitado volumen de este descarte le impedían proyectar una producción a escala industrial.

En 2023, su emprendimiento fue incubado en el Centro de Innovación Atlantis, perteneciente a la Universidad Nacional de Mar del Plata. Y a partir de un encuentro de vinculación tecnológica, la diseñadora conoció a Melina, quien, desde el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Ambiente en la Facultad de Ingeniería de esa universidad, estaba trabajando en la “biofabricación de celulosa bacteriana a partir de residuos industriales”.

Lee la nota completa acá.


Hasta aquí llegamos hoy. Los leo en [email protected]

Hasta el martes,

Flor.