Casas vacías en pueblos y falta de vivienda en las ciudades: la paradoja habitacional de la Argentina
Florencia Tuchin
junio 2, 2026

¡Hola! Para esta edición elegí abordar la vivienda rural porque suele quedar fuera de las discusiones sobre hábitat, pese a que afecta de manera directa al arraigo, al desarrollo de las pequeñas localidades y al equilibrio territorial. Informes de Tejido Urbano muestran que miles de viviendas permanecen vacías en el campo mientras en las ciudades persiste el déficit habitacional. Entender esa paradoja permite ampliar la conversación sobre qué políticas necesitamos para construir territorios más equilibrados.


Casas vacías en pueblos y falta de vivienda en las ciudades: la paradoja habitacional de la Argentina

Cuando se habla de crisis habitacional en Argentina, la atención suele concentrarse en las grandes ciudades. Los precios de compra y alquiler, el crecimiento de los asentamientos informales y las dificultades de acceso al crédito dominan la agenda pública. Sin embargo, dos informes recientes de Tejido Urbano ponen el foco sobre una realidad menos conocida: en las áreas rurales existe una importante cantidad de viviendas desocupadas.

Según la investigación Radiografía de la vivienda rural en la Argentina, elaborada con datos del Censo 2022, el 24% de las viviendas rurales del país se encuentra vacía. La situación es aún más marcada en las áreas rurales dispersas, es decir, campo abierto sin constituir centros poblados, donde en provincias como La Pampa el porcentaje supera el 55% y en Santa Cruz ronda el 49%.

Para Facundo López Binaghi, investigador especializado en hábitat rural y autor de los informes, la magnitud del fenómeno es en sí misma uno de los hallazgos principales: que una de cada cuatro viviendas rurales esté vacía a nivel nacional, y que en las zonas dispersas la proporción llegue a una de cada dos. «El Estado es uno de los grandes propietarios de viviendas vacías, a diferencia de lo que pasa en las ciudades», agrega.

La situación adquiere especial relevancia en Buenos Aires, una provincia que no atraviesa una crisis de producción rural sino todo lo contrario. «Es una provincia que cada vez produce más en su territorio rural. Sin embargo, los números igualmente son altos», explica Binaghi. El informe detalla que, en la ruralidad agrupada bonaerense, es decir localidades de menos de 2.000 habitantes, 38 de cada 100 viviendas están vacías, y en la zona dispersa ese número sube a 44.

La comparación con las ciudades resulta llamativa. Mientras la vacancia urbana representa en promedio un 10,69% del parque habitacional y se concentra principalmente en sectores de altos ingresos, en el ámbito rural el fenómeno es transversal. En los barrios populares urbanos, en cambio, ese vaciamiento prácticamente no se registra.

Más allá de los números, el fenómeno habla de cómo se organizó históricamente el territorio argentino. Para Binaghi, no alcanza con afirmar que sobran viviendas en el campo y faltan en las ciudades. Detrás de esa aparente contradicción existe un largo proceso de concentración de población asociado a las oportunidades laborales, la oferta de servicios y una estructura económica orientada a la extracción de recursos. «Argentina tiene una estructura pensada para un sistema extractivo de su ruralidad, y a partir de eso también asentó a su población respondiendo a esas necesidades», explica. Cuando esa necesidad de mano de obra fue reduciéndose y los servicios estatales como el ferrocarril, las escuelas y la salud se retiraron, la población fue migrando.

«Lo que más dice este fenómeno es una falta de proyección y de políticas territoriales. Nunca existió una política real que busque equilibrar el territorio», sostiene Binaghi.

Los informes muestran que la pérdida de población rural no puede entenderse únicamente como consecuencia de los cambios productivos. También influyeron el cierre de más de 600 escuelas rurales en los últimos años, la reducción de servicios públicos y las dificultades para acceder a salud, educación superior y empleo. El propio Binaghi conoce esa experiencia de primera mano. Nacido en Tres Arroyos, tuvo que mudarse a los 18 años para estudiar, igual que sus cuatro hermanos antes que él. «Mucho tiempo me tomó problematizarlo», reflexiona.

Sin embargo, la despoblación no es la única dinámica en marcha. El investigador destaca que también existe un movimiento de personas que buscan instalarse en pueblos y pequeñas localidades. Y ahí aparece una paradoja central de su investigación: aunque los indicadores muestran alta vacancia, muchas veces no hay viviendas disponibles para quienes quieren radicarse. «Los índices muestran que la ruralidad está llena de casas vacías, pero cuando logramos que llegue gente, no tenemos casas», dice.

El segundo informe de Tejido Urbano, Acceso a la vivienda en pequeñas localidades rurales, profundiza en este problema a partir de casos del sur santafesino. Según la investigación, parte de las viviendas permanece fuera del mercado porque las familias propietarias deciden no venderlas ni alquilarlas. Otras se encuentran deterioradas o atrapadas en procesos sucesorios complejos. «Quedan inmersas en sucesiones enormes de herederos, al punto que ni los propios dueños saben de quién son las casas. Entonces quedan abandonadas y no pueden entrar al mercado, pero tampoco los municipios tienen herramientas reales o interés para intervenir», explica Binaghi.

Frente a este escenario, el investigador considera que las viviendas vacías pueden convertirse en una herramienta clave para revitalizar pueblos y pequeñas localidades, pero advierte que la cuestión habitacional por sí sola no resolverá el problema. El primer paso es cambiar la manera de pensar la vivienda: «No como un objeto netamente de mercado, sino como un recurso para el desarrollo territorial», dice.

Entre las medidas que propone menciona la recuperación del parque habitacional estatal ocioso, que incluye viviendas vinculadas a estaciones de ferrocarril, escuelas cerradas, dependencias de Vialidad Nacional, el INTA, la policía y el ejército. También la creación de incentivos para reincorporar viviendas privadas al mercado y mecanismos que faciliten las usucapiones administrativas para que los municipios puedan gestionar inmuebles abandonados a bajo costo. Además, señala la mejora de la conectividad a internet como condición indispensable: «Tenemos zonas donde la cobertura es baja y de mala calidad. Eso limita enormemente las posibilidades de educación, trabajo y hasta de gestionar un DNI».

Pero antes que cualquier medida técnica, Binaghi identifica un obstáculo previo: la ausencia del tema en la agenda pública. «La vivienda rural es un tema del cual no se habla, no se discute, no se toca en las universidades ni en los posgrados. Es increíble que tengamos una de cada cuatro casas rurales vacías y que siga siendo un tema ausente», sostiene. En ese punto traza una comparación con España, donde la llamada «España vaciada» instaló un debate nacional que en Argentina todavía no existe. Cuando le preguntó a investigadores de la Universidad de Zaragoza cómo había surgido ese debate, la respuesta lo sorprendió: «Me dijeron que simplemente por una novela, un libro que se publicó sobre la España vaciada, un relato melancólico sobre alguien que dejaba el pueblo».

En ese escenario, algunas iniciativas empiezan a ensayar respuestas desde lo local. Una de ellas es el programa Bienvenidos a mi Pueblo, impulsado por Es Vicis, una fundación con sede en Suiza que desde 2016 trabaja junto a pequeñas localidades rurales para atraer nuevos habitantes. El programa se organiza en torno a tres pilares: bienvenida, trabajo y vivienda. Es en ese último donde aparece el obstáculo. El acceso a la vivienda, concluye el informe, es el principal cuello de botella que enfrentan los programas de repoblación rural, tanto en Argentina como en otras experiencias similares a nivel mundial.


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Iniciativa hídrica en Mendoza: el proyecto que ya preservó más de 2 millones de m3 de agua

Más de 2 millones de metros cúbicos de agua fueron preservados en el Valle de Uco, Mendoza, a partir de un proyecto conjunto impulsado por el Departamento General de Irrigación (DGI), la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) y Eco de los Andes, orientado a mejorar la gestión del acuífero confinado del río Tunuyán Superior. El volumen preservado hasta el momento equivale a más del 60% del consumo anual de la población de Tunuyán.

La propuesta se desarrolla en donde existen pozos artesianos con surgencia natural. Un relevamiento técnico permitió identificar que el 45% de estas perforaciones artesianas no cuenta con válvulas de cierre que regulen la erogación. Frente a este escenario, el proyecto impulsa la incorporación de herramientas que permiten administrar el recurso según la necesidad real y generar información precisa para su monitoreo.


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