2026: del compromiso a la acción, las claves que marcarán la agenda de la sustentabilidad
Florencia Tuchin
enero 14, 2026

¡Hola! Después de unas semanas de descanso, qué lindo poder retomar nuestros correos semanales. Espero que hayan comenzado muy bien el año.

En mi caso, cerré 2025 con mi casamiento (voy a contarles más en la próxima edición) y recibiendo amigos y familia de distintos países. Fue un hermoso intercambio cultural.

Más allá del plano personal, 2026 comenzó con muchos desafíos: la captura de Nicolás Maduro en Caracas, las protestas en Irán, los incendios en la Patagonia. Y solo vamos dos semanas…

Para esta edición conversé con distintas referentes de empresas líderes para conocer cuáles son las tendencias que se esperan para 2026.


2026: del compromiso a la acción, las claves que marcarán la agenda de la sustentabilidad

El consenso es amplio: la crisis climática ya no es un escenario futuro, sino una condición presente que atraviesa modelos productivos, cadenas de valor y territorios. En ese contexto, 2026 aparece como un punto de inflexión. No por la aparición de un único desafío, sino por la convergencia de agendas que obligan a acelerar la transición energética, gestionar recursos críticos como el agua, descarbonizar industrias intensivas y escalar modelos regenerativos con evidencia.

Desde el sector químico, energético, financiero, de alimentos, consumo masivo y construcción, las voces consultadas señalan un mismo desplazamiento: de los compromisos a la ejecución, de los pilotos a la escala, y de la mitigación aislada a enfoques sistémicos basados en colaboración.

Para Ana Michi, gerente de Sustentabilidad y Compromiso Social de BASF Argentina, uno de los ejes centrales será acelerar la transición energética como respuesta directa al cambio climático. La reducción de emisiones y el avance hacia la neutralidad climática continúan marcando la agenda global y local, con una demanda creciente de soluciones que disminuyan gases de efecto invernadero y amplíen el uso de energías renovables.

En esa línea, BASF firmó en 2025 un acuerdo con Genneia para abastecer sus plantas productivas con energía eléctrica renovable, mantiene el programa GO2Neutral para la gestión de emisiones en plantas y flota vehicular, y mide de forma permanente la Huella de Carbono de Productos. Estas acciones forman parte del objetivo de alcanzar la neutralidad climática en 2050. En paralelo, Michi destaca la consolidación de la economía circular como un enfoque transversal a todos los negocios, con especial impacto en América Latina.

La seguridad hídrica aparece como otro de los grandes desafíos. Para Vanesa Vázquez, gerenta de Impacto Positivo en Cervecería y Maltería Quilmes, el agua dejó de ser un riesgo ambiental para convertirse en un riesgo económico, social y operativo. El desafío ya no es solo usar menos agua, sino gestionar cuencas completas, colaborar entre sectores y apostar por soluciones basadas en la naturaleza.

En ese marco, la compañía anunció inversiones por 3,4 millones de dólares en eficiencia hídrica y equipamiento. A esto se suma el avance de soluciones agritech y watertech que pasaron de la fase piloto a aplicaciones escalables. Un ejemplo es el trabajo con ZoomAgri, una startup que utiliza visión computada e inteligencia artificial para mejorar la calidad de la cebada y optimizar recursos en el campo, mostrando el potencial de estas herramientas en la región.

Desde Natura, Sabina Zaffora plantea un cambio de paradigma: integrar e impulsar negocios con prosperidad, entendida como la generación simultánea de valor en los capitales natural, humano, social y económico. Con más de 25 años de trabajo directo en la Amazonia y 2,2 millones de hectáreas conservadas, la compañía sostiene que la selva en pie puede ser un negocio rentable y viable.

Para demostrarlo, Natura mide sus impactos a través del IP&L (Integrated Profit and Loss), que asigna valor financiero a los impactos socioambientales. Hoy, por cada real de ingreso reportado, la empresa genera 2,5 reales de impacto positivo neto. La innovación con mayor potencial, señala Zaffora, surge de combinar biotecnología con saberes locales, mini agroindustrias comunitarias, simbiosis industrial e infraestructura circular, apoyadas en trazabilidad total.

En el sector de la construcción, Belén Daghero, gerente de Comunicaciones Corporativas, Asuntos Públicos y Responsabilidad Social de Holcim Argentina, advierte que en 2026 el desafío será acelerar la descarbonización a la velocidad y escala que el contexto exige. Ya no alcanza con optimizar procesos: es necesario transformar cómo se producen los materiales, cómo se diseñan las obras y cómo se evalúa su impacto a lo largo de todo el ciclo de vida.

La expansión de la construcción circular aparece como una de las tendencias con mayor potencial en la región, junto con nuevas formulaciones, energías más limpias y tecnologías que reducen emisiones desde el origen. El punto de inflexión, subraya, será medir la sostenibilidad por su impacto real y no solo por la ambición declarada.

Desde Grupo Arcor, Bárbara Bradford destaca que el cambio climático seguirá marcando la agenda, con un énfasis creciente en la adaptación. La gestión de riesgos físicos asociados a eventos extremos, el uso de modelos climáticos para la planificación productiva y la agricultura regenerativa dejarán de ser enfoques voluntarios para convertirse en requisitos operativos y competitivos.

En paralelo, los datos aplicados a la sostenibilidad ganarán protagonismo. La necesidad de métricas estandarizadas, auditables y comparables transformará la sostenibilidad en un sistema de gestión basado en evidencia, alineado con marcos regulatorios y de reporte cada vez más exigentes.

En el sistema financiero, Constanza Gorleri, Chief Sustainability Officer de Galicia, coincide en que 2026 exigirá gobernar el riesgo climático y de naturaleza con evidencia y humanidad. La adopción de objetivos basados en ciencia, la analítica avanzada de datos ESG y la financiación sostenible permitirán movilizar capital hacia la transición, siempre que la gobernanza ESG se integre al núcleo del negocio.


Las palabras elegidas para el 2026

Las miradas de las entrevistadas convergen en un mismo mensaje, sintetizado en las palabras elegidas por cada referente:

  • Colaboración (Ana Michi, BASF): porque en 2026 la sustentabilidad dependerá cada vez más del trabajo conjunto entre empresas, organizaciones de la sociedad civil y el Estado. Los esfuerzos individuales no alcanzan para acelerar la transición climática ni para escalar soluciones con impacto real.
  • Coraje (Vanesa Vázquez, Quilmes): para transformar modelos de negocio, cuestionar procesos y asumir compromisos medibles.
  • Regenerar (Sabina Zaffora, Natura): para trascender la sustentabilidad tradicional y restaurar la capacidad de los sistemas naturales y sociales.
  • Convergencia (Belén Daghero, Holcim): como alineación entre regulaciones, expectativas sociales, innovación y estrategia empresarial.
  • Alineación (Bárbara Bradford, Arcor): entre métricas, marcos globales y exigencias del mercado para ganar credibilidad y velocidad.
  • Ejecución, con trazabilidad (Constanza Gorleri, Galicia): para pasar de los compromisos a la implementación verificable.

Geopolítica, capital y sustentabilidad: el riesgo redefine los negocios y oportunidades hacia 2026

La consultora en sustentabilidad Business & Sustainability comparte las principales tendencias para 2026 en materia de sustentabilidad.

1) Sustentabilidad en la era Trump: cuando el riesgo geopolítico ordena las decisiones: El giro político en Estados Unidos, profundizado en 2025 con el regreso de Donald Trump y el retroceso de la agenda ESG, reconfiguró el escenario global de la sustentabilidad al poner en primer plano el riesgo geopolítico como variable central de negocio. La salida del Acuerdo de París, el desarme de incentivos a la energía limpia y episodios recientes de inestabilidad regional —como el caso venezolano y su impacto en el mercado energético— reforzaron una evidencia clave: los riesgos políticos, sociales y ambientales afectan de manera directa el flujo de capital, la seguridad de suministro y la estabilidad de las inversiones de largo plazo. En este contexto, la sostenibilidad se consolida como una herramienta concreta de gestión del riesgo y creación de valor, con empresas e inversores priorizando estrategias de adaptación territorial, evaluaciones de impacto por ubicación y enfoques positivos para la naturaleza, incluso en sectores intensivos en tecnología como la inteligencia artificial, donde variables como energía, clima, regulación y ciberseguridad ya forman parte del diseño estratégico.

2) Argentina y el mercado de carbono: una oportunidad real bajo mayor escrutinio: En un escenario global marcado por la volatilidad y una mayor exigencia regulatoria y de inversores, los créditos de carbono se afianzan como una herramienta de transición relevante para sectores intensivos en emisiones, al permitir gestionar impactos sin perder competitividad mientras se desarrollan procesos de descarbonización estructural. Con un mercado que moviliza cerca de USD 100.000 millones anuales y estándares cada vez más estrictos, Argentina aparece como una oportunidad concreta gracias a su biodiversidad, su balance positivo de carbono y su amplia superficie de bosques nativos y plantaciones forestales. En un contexto donde la credibilidad del activo es clave, el mayor escrutinio no representa una barrera sino una ventaja competitiva para el país, que podría posicionarse como proveedor de créditos de alta integridad, generar más de USD 9.000 millones y transformar la sustentabilidad en una vía real de negocio, financiamiento y posicionamiento estratégico para empresas y cadenas de valor.

3) Financiamiento sostenible en un escenario de reordenamiento macroeconómico: A pesar de la incertidumbre global, las finanzas sostenibles continúan creciendo con fuerza: la emisión mundial de bonos verdes, sociales y sustentables ya superó el billón de dólares, y en Argentina el ecosistema mostró dinamismo incluso en un contexto macroeconómico adverso. Entre 2023 y 2024 se movilizaron más de USD 4.000 millones en créditos sostenibles, bonos temáticos y otros instrumentos, consolidando a la sustentabilidad como una herramienta concreta de competitividad, eficiencia y mitigación de riesgos. De cara a 2026, una eventual estabilización macroeconómica y la reducción del riesgo país podrían acelerar el ingreso de capital internacional, que llegará acompañado de mayores exigencias en desempeño ambiental y social. En este escenario, la identificación clara de atributos sostenibles en los instrumentos financieros se vuelve un factor clave para diferenciarse, atraer inversiones y fortalecer reputación y acceso a mercados.

4) Producir y regenerar: la nueva frontera de la sustentabilidad: Los enfoques regenerativos comienzan a ganar espacio como una evolución de la sustentabilidad tradicional, con empresas que buscan ir más allá de la mitigación y avanzar hacia modelos productivos que restauren ecosistemas, fortalezcan la biodiversidad y generen impactos netos positivos. Aunque todavía incipiente, este enfoque se perfila como una de las fronteras más relevantes hacia 2026, especialmente en sectores vinculados al uso del suelo, la agricultura, la gestión de recursos naturales y el desarrollo territorial. En países como Argentina, con una fuerte base de capital natural, la regeneración abre una oportunidad estratégica para articular producción, resiliencia y desarrollo local, incorporando herramientas como la valorización de servicios ecosistémicos y consolidando una visión donde la sostenibilidad futura depende de la capacidad de regenerar los sistemas que sostienen la actividad económica.

5) Cadenas de suministro resilientes y el rol estratégico de las pymes: La gestión de las cadenas de suministro se consolidó como uno de los principales focos de riesgo empresarial, impulsada por la presión regulatoria, de inversores y clientes, y por la creciente relevancia de las emisiones de Alcance 3. En 2025, el trabajo con proveedores dejó de ser un ejercicio técnico o de reporte para convertirse en una decisión estratégica vinculada a la continuidad del negocio. Industrias con cadenas complejas enfrentan el desafío de construir redes resilientes capaces de anticipar riesgos sociales, ambientales, regulatorios y geopolíticos, mientras que las pymes que logran adaptarse a estándares de trazabilidad y sustentabilidad ganan una ventaja competitiva clara. Capacitar y fortalecer proveedores ya no es solo una cuestión de impacto, sino una condición clave para asegurar estabilidad operativa y resiliencia en entornos volátiles.

6) Infraestructura, energía e IA: un nuevo riesgo sistémico: La expansión acelerada de la inteligencia artificial está impulsando inversiones masivas en infraestructura digital y energética, transformando el acceso a energía estable, segura y limpia en un factor crítico de continuidad del negocio. Los grandes centros de datos demandan volúmenes crecientes de energía y agua, llevando a empresas tecnológicas a asegurar suministro mediante activos propios o alianzas de largo plazo, mientras enfrentan exigencias ambientales, sociales y reputacionales cada vez mayores. Este fenómeno refuerza el desarrollo de energías limpias, pero también plantea interrogantes sobre el impacto neto en la descarbonización si la nueva capacidad no desplaza fuentes intensivas en emisiones. A esto se suman efectos sociales vinculados al empleo, el territorio y las comunidades, que deberán ser gestionados para sostener la licencia social. Hacia 2026, el desafío será escalar la infraestructura de la IA integrando de forma coherente riesgos energéticos, ambientales, sociales y geopolíticos.


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Incendios en la Patagonia: crisis climática, especies invasoras y falta de recursos

Según reportes oficiales preliminares, desde mediados de diciembre pasado los principales incendios en la Patagonia se están produciendo en la provincia de Chubut: en Puerto Patriada, El Hoyo y Epuyén (12.000 hectáreas, se encuentra activo), en el Parque Nacional Los Alerces (6.000 hectáreas, aún activo); y en El Turbio (3.000 hectáreas, controlado en un 90%). De acuerdo con Greenpeace, los incendios forestales en Chubut ya arrasaron más de 21.000 hectáreas de bosques, plantaciones, pastizales y viviendas.

El abogado ambientalista Enrique Viale advierte que los incendios que afectan a la Patagonia argentina responden a una “combinación letal” de factores estructurales: el cambio climático, la expansión de especies forestales altamente inflamables y la falta de recursos públicos para la prevención y el combate del fuego.

Los incendios forestales que golpean a la Patagonia no son hechos aislados ni imprevisibles. Así lo afirmó Viale en el programa Habrá Consecuencias de radio El Destape. “Lo que estaba pasando se venía”, señaló el presidente de la Asociación Argentina de Abogados y Abogadas Ambientalistas al describir, en primer lugar, el impacto de la crisis climática global, que ya genera condiciones propicias para incendios de gran magnitud. Olas de calor extremas, temperaturas inusuales para la región de hasta 30 o 32 grados y una sequía prolongada conforman, según explicó, el escenario ideal para estos eventos.

El segundo factor clave es el avance exponencial del pino, una especie exótica introducida en la Patagonia desde mediados del siglo XX. Viale advirtió que se trata de una especie “pirófita”, es decir, que se reproduce y se expande con el fuego. “Es extremadamente inflamable y, cuando la tierra queda arrasada, lo que crece es pino”, explicó, al tiempo que recordó que situaciones similares se registraron en la Patagonia chilena y en Corrientes, donde los incendios afectaron grandes extensiones vinculadas a plantaciones forestales.

El tercer elemento es la falta de recursos del Estado para prevenir y combatir el fuego. Viale denunció un fuerte desfinanciamiento del Servicio Nacional de Manejo del Fuego, con una ejecución presupuestaria del 25% en 2024 y recortes adicionales en 2025, pese a que este último fue “el año de mayor incendio en la Patagonia desde que se tenga registro”. Según detalló, miles de millones de pesos asignados no se ejecutaron, lo que se traduce en menos equipamiento, menos personal y menor capacidad de prevención.

Trabajadores de la Administración de Parques Nacionales denunciaron que sólo cuentan con 400 brigadistas, cuando el mínimo debería ser 700, para cubrir 5 millones de hectáreas que están bajo su jurisdicción y poder asistir a las provincias, cuando se los convoca, a través del Sistema Nacional de Manejo del Fuego.

“En el mundo se habla de incendios de sexta generación, vinculados al colapso climático. Frente a eso, se necesita más Estado, más prevención y más recursos, no menos”, concluyó Viale.


Innovar para incluir: cómo el sistema financiero redefine el abordaje de la discapacidad el diseño universal

Banco Galicia, demuestra que diseñar desde la diversidad fortalece el negocio y la inclusión real. Lee la nota acá.


Hasta aquí llegamos hoy. Los leo en [email protected]

Hasta el martes,

Flor.