La inclusión de personas con discapacidad dejó de ser una agenda marginal para convertirse en un eje estratégico dentro de las organizaciones que buscan innovar con impacto. En el sector financiero, este desafío adquiere una complejidad particular: altos niveles de especialización, fuerte digitalización y una experiencia de cliente cada vez más mediada por la tecnología. En ese cruce entre inclusión, innovación y negocio trabaja Ana Paula Valentín, líder de la estrategia de Diversidad e Inclusión en el equipo de Sustentabilidad de Banco Galicia.
Desde su rol, identifica dos grandes frentes de trabajo. Por un lado, la inclusión desde la mirada de talento; por otro, la accesibilidad de productos y servicios para clientes. “Nos cuesta muchísimo encontrar talento con discapacidad que esté alineado con los perfiles que requiere el negocio. La mayoría de nuestros puestos demandan formación y trayectoria profesional, y eso expone una desigualdad estructural previa en el acceso a la educación y al mercado laboral”, explica.
Ese cuello de botella se agrava por los sesgos y temores que aún persisten en los equipos. “Muchas veces la discapacidad se ve como una barrera o como algo opuesto al talento. Por eso trabajamos mucho con líderes y equipos para desarmar miedos y acompañar las incorporaciones”, señala. El resultado de esa estrategia sostenida es concreto: en los últimos cinco años, la dotación de personas con discapacidad en la organización se duplicó, pasando de poco más de veinte a 56 colaboradores y colaboradoras.
Pero la inclusión no se limita a las puertas de entrada al empleo. En una empresa con más de 120 años de historia que avanza hacia un modelo de plataforma financiera, la accesibilidad digital se volvió uno de los mayores desafíos. “Históricamente fuimos muy fuertes en accesibilidad física: sucursales certificadas, canales de atención adaptados. Hoy el gran reto es la accesibilidad digital, porque la mayoría de las operaciones se hacen online y los equipos de desarrollo no siempre tienen formación en estos temas”, explica
Para achicar esa brecha, Galicia apuesta a la formación continua y a alianzas con organizaciones especializadas. Una de las claves es ir más allá del cumplimiento formal de estándares. “No alcanza con que una plataforma pase un check técnico. Hacemos testeos con usuarios con discapacidad para garantizar que la experiencia sea realmente positiva”, afirma.
Esa mirada se expresó también en el Lab de Impacto, un espacio abierto a toda la organización que buscó transversalizar la agenda de discapacidad. Allí se trabajaron herramientas concretas de comunicación inclusiva, accesibilidad en presentaciones y redes sociales, y se pusieron en discusión temas emergentes como la neurodiversidad. “La idea es sacar la discapacidad del lugar de o la filantropía y vincularla con tecnología, innovación y experiencia de las personas”, resume.
Pensando a futuro, Ana Paula es clara: la inclusión de personas con discapacidad tiene que seguir en agenda, pero de manera estratégica. “Si miramos los datos, entre el 10 y el 15 por ciento de la población tiene alguna discapacidad, pero solo alrededor del 20 al 25 por ciento está empleada de forma activa. Es dramático. La inclusión no puede ser solo un target, tiene que ser una decisión de negocio que se naturalice”, sostiene. En ese camino, la neurodiversidad aparece como una frontera todavía incipiente, con gran potencial para generar nuevas formas de pensar y diseñar soluciones.
Entre los aprendizajes, destaca la importancia de no trabajar en soledad. “La discapacidad es un universo enorme y muy específico. Las alianzas con organizaciones especialistas y con profesionales como terapeutas ocupacionales hacen la diferencia”, afirma. También derriba uno de los mitos más extendidos: los ajustes razonables no suelen ser complejos ni costosos. “A veces es un software, otras un sistema de transcripción o algo tan simple como un banquito ergonómico. El miedo suele ser mucho más grande que la realidad”.
La red de alianzas se completa con la participación en la Red de Empresas Inclusivas Argentina, programas de formación para personas con discapacidad, becas educativas y compras de impacto a proveedores que emplean a este colectivo o emprendimientos gestionados por personas con discapacidad. Una estrategia que articula sector privado, publicos y organizaciones de la sociedad civil.
En ese entramado aparece la innovación como concepto central, en un doble sentido. “Por un lado, incluir personas diversas nos vuelve más innovadores como organización. Tener personas con discapacidad en equipos de diseño, por ejemplo, incorpora esa perspectiva desde el origen del producto”, explica. Por otro, innovar para la inclusión implica pensar procesos, servicios y espacios accesibles desde el punto de partida, bajo una lógica de diseño universal.
