¡Hola! Muchas veces contamos qué hacen las empresas de impacto y qué soluciones buscan desarrollar, pero bastante menos cómo consiguen el capital necesario para llevar esas ideas a escala. Una conversación organizada por Sistema B Argentina, BS Capital Partners y Beccar Varela sobre finanzas sostenibles me pareció una buena oportunidad para mirar esa otra parte de la ecuación: qué alternativas existen hoy en Argentina, qué les exigen a las empresas y qué pasa cuando el financiamiento deja de ser un obstáculo y se convierte en una herramienta para ampliar el impacto.
Financiamiento para empresas de impacto: bonos verdes, créditos y fondos de inversión

Tener un propósito social o ambiental puede abrir algunas puertas, pero no reemplaza un negocio que funcione. “Para aprovechar el mundo de las finanzas sostenibles tenemos que tener un negocio viable, un modelo claro, tracción y una propuesta de valor clara”, planteó Iván Buffone, director de B Capital Partners, durante un encuentro organizado por Sistema B junto con Beccar Varela y B Capital Partners.
La conversación reunió a actores del mercado de capitales, instituciones financieras y empresas que ya recurrieron a distintas herramientas para financiar proyectos con impacto social o ambiental. Entre ellas estuvieron Ecofactory, Traza y Grupo Mitre.
Las alternativas no se reducen al crédito bancario. Existen líneas de financiamiento sostenible de bancos públicos y privados, obligaciones negociables, cheques y pagarés que pueden ser etiquetados como verdes, sociales o sostenibles, además de fondos de impacto que ofrecen deuda o ingresan como socios de las empresas.
Pero que una empresa tenga impacto no significa automáticamente que vaya a conseguir financiamiento. Además de demostrar resultados sociales o ambientales, tiene que poder mostrar flujos, capacidad de repago, garantías cuando correspondan, un destino concreto para los fondos y mecanismos que permitan seguir su uso y sus resultados.
“Hay que poder demostrar el impacto”, sostuvo Buffone. Y agregó otro elemento central: “El mundo financiero es un mundo de confianza”.
Ecofactory nació hace 17 años con el desarrollo de bolsas reutilizables y luego avanzó sobre otro problema: aquellos usos en los que una bolsa no puede volver a utilizarse y rápidamente se convierte en residuo. Para esos casos empezó a desarrollar bioplásticos compostables.
El fundador de la empresa Martín Jersonsky explicó que como ocurre con muchas pymes que están creciendo, llegó un momento en que el financiamiento bancario encontraba un límite porque las garantías disponibles ya estaban comprometidas. La alternativa fue recurrir al mercado de capitales. Ecofactory realizó en 2024 una obligación negociable verde que recibió una demanda cercana a cuatro veces el monto ofrecido. Con esos recursos construyó una nueva planta y desarrolló una nueva unidad de negocio vinculada con los bioplásticos compostables. Para Jersonsky, acceder al capital significó poder llevar el propósito de la empresa a una inversión concreta.
"El mercado argentino de bioplásticos compostables pasó de unas 100 toneladas en 2023 a 1.200 en 2025 y Ecofactory produjo 1.100 de esas toneladas", contó Jersonsky.
Traza encontró en una obligación negociable social una herramienta para ampliar otro tipo de solución. La empresa trabaja acercando infraestructura y servicios financieros a barrios populares, a través de cajeros automáticos, terminales para comercios de cercanía, tarjetas y propuestas de educación financiera.
Durante la pandemia desarrolló unidades modulares de inclusión financiera que comenzaron a instalarse en plazas y luego llegaron a distintos barrios. Para ampliar el proyecto necesitaban capital.
El fundador de Traza Ricardo Minicucci contó que la salida al mercado tenía dos objetivos: financiar esas unidades y, al mismo tiempo, dar mayor visibilidad a la empresa. La emisión recibió una demanda equivalente al doble del monto ofrecido y, según explicó, permitió que las unidades llegaran a 20 barrios.
Con el tiempo, Traza pasó también al otro lado de la ecuación y comenzó a destinar parte de sus propios recursos a inversiones de impacto. “El dinero tiene que fluir, como un río”, sintetizó Minicucci.
Esa experiencia derivó luego en la creación, junto con otros socios, de Capibara, una compañía con presencia en Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile que busca invertir en empresas de impacto positivo vinculadas inicialmente con los sistemas alimentarios. Según Minicucci, ya reunió a más de 25 inversores, con inversiones de entre USD 50.000 y USD 200.000.
Grupo Mitre desarrolló una planta para recuperar residuos de construcción y demolición con la intención de volver a introducir esos materiales en circuitos productivos. Para instalar tecnología, mejorar su productividad y seguir ampliando esa planta recurrió a distintas herramientas, desde líneas de banca sostenible y fondos hasta un cheque verde orientado a economía circular.
Durante 2025, la planta recuperó más de 100.000 toneladas entre las distintas corrientes de materiales con las que trabaja. El objetivo, explicaron durante el encuentro, es avanzar desde experiencias aisladas de recuperación de hormigón o cascotes hacia un tratamiento integral de los residuos de una obra.
El proceso de financiamiento también obligó a la compañía a ordenar la manera de explicar qué hace, cómo crece y qué impacto busca producir. Desde Grupo Mitre señalaron que el acompañamiento externo les permitió trabajar esa narrativa y traducir su proyecto a un lenguaje que pudiera ser comprendido por quienes debían evaluar la inversión.
Una de las ideas que apareció varias veces durante la conversación es que el mercado de capitales no está reservado exclusivamente a las grandes compañías. En los últimos años se fueron simplificando los procedimientos para que las pymes y también algunas asociaciones civiles puedan acceder a instrumentos de financiamiento. En muchos casos todavía deben obtener avales, ordenar información financiera y societaria y contar con actores que las acompañen durante el proceso. Lo que se requiere es contar con un proyecto que pueda demostrar ese impacto y con una evaluación externa que lo valide.
Entonces, el primer paso para una empresa es definir cuánto capital busca, para qué lo necesita y cuál es su capacidad financiera. Después puede identificar qué tipo de instrumento y qué financiador se ajustan mejor a su etapa y a su proyecto. El impacto funciona como parte de esa propuesta, no como sustituto de la viabilidad económica.
Y para que este mercado crezca hace falta también fortalecer el otro extremo. Empresas, fondos, instituciones y personas dispuestas a dirigir capital hacia proyectos capaces de producir un retorno y, al mismo tiempo, contribuir a resolver problemas sociales o ambientales. “Si no tenemos inversores de impacto, no tenemos forma de financiar empresas con impacto”, resumió Buffone.
Educación financiera en la secundaria: qué necesitan aprender los jóvenes antes de manejar su dinero
Contar con una billetera virtual en la adolescencia conlleva la responsabilidad de aprender qué hacer con el dinero. La líder de Inversión Social de Galicia María Florencia Pereira explica que antes de terminar la escuela secundaria, los jóvenes tendrían que poder administrar ingresos y gastos. “Deberían poder armar un presupuesto, ahorrar con un objetivo, definir metas y comprender tanto los usos del crédito como los riesgos del endeudamiento”, enumera. A eso suma otros dos temas: cómo protegerse de los fraudes y las estafas digitales, y cómo funcionan herramientas de inversión sencillas, como un plazo fijo o un fondo común. Lee la nota acá.
Brasil: una red de más de 180 organizaciones impulsa la restauración del Cerrado
Una iniciativa que articula a más de 180 organizaciones, pueblos indígenas y quilombolas, comunidades locales, agricultores, investigadores, empresas y gobiernos para recuperar el Cerrado brasileño fue reconocida por Naciones Unidas como una de las Referencias de la Restauración Mundial. Araticum trabaja actualmente en nueve estados de Brasil y busca alcanzar 2 millones de hectáreas en proceso de restauración hacia 2030.
El reconocimiento fue anunciado durante la COP17 de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación. Araticum fue seleccionada junto con otras dos iniciativas de Arabia Saudita y el Sahel por la Década de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas, liderada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la FAO.
La experiencia brasileña combina distintas estrategias según las características de cada territorio, entre ellas regeneración natural, siembra directa, restauración ecológica y sistemas agroforestales con especies nativas. Hasta el momento, la iniciativa tiene más de 27.000 hectáreas mapeadas en procesos de restauración y continúa incorporando nuevas áreas a través de una plataforma de monitoreo.
El proceso también está impulsando una cadena productiva vinculada a la restauración. Ya se recolectaron y utilizaron semillas de más de 150 especies nativas del Cerrado, una actividad que involucra a recolectores de semillas, viveros, técnicos especializados y servicios de monitoreo. Araticum complementa estas acciones con herramientas económicas y sociales como pagos por servicios ambientales, agricultura sostenible, sistemas agroforestales, planificación territorial y articulación con políticas públicas.
“Restaurar el Cerrado significa cuidar nuestro clima, nuestra agua y nuestro futuro”, señaló Fabrícia Santarém, coordinadora de Araticum y recolectora de semillas geraizeira. La referente destacó además la importancia de fortalecer la autonomía de las organizaciones comunitarias que se encuentran en la primera línea de la conservación.
El Cerrado ocupa más de dos millones de kilómetros cuadrados y perdió más de la mitad de su vegetación nativa, principalmente por la conversión de tierras a gran escala. La meta de Araticum para 2030 representa una contribución al compromiso asumido por Brasil de restaurar 12 millones de hectáreas de vegetación nativa.
Apoyá a Otra Economía
Si el contenido de Otra Economía te inspira y te motiva, para nosotros es muy importante que lo compartas con personas que también puedan estar interesadas para que se sumen a esta comunidad. La difusión en redes nos resulta muy valiosa.
Por último, tu aporte económico nos permite sostener el espacio e invitar a más autores a traer sus perspectivas.
Gracias por ser parte de Otra Economía y por tomarte este tiempo para ayudarnos a crear más impacto positivo.
Se presentó el primer Mapa Mamográfico de Argentina
La Asociación Civil Surcos y la Fundación Instituto Natura presentaron el primer Mapa Mamográfico del sector público de Argentina, un relevamiento federal que busca conocer con precisión la capacidad instalada para la detección del cáncer de mama. El estudio identificó 404 mamógrafos en 375 establecimientos públicos, de los cuales 328 estaban en funcionamiento al momento del relevamiento. Entre los principales hallazgos, señala que existe capacidad disponible para ampliar la atención: 29 establecimientos cuentan con dos equipos funcionando simultáneamente. Además, el 26% de los mamógrafos fue incorporado entre 2020 y 2024, el 66% de los centros tiene controles de calidad y habilitaciones al día y el 39% ya utiliza tecnología digital directa.
El informe también muestra avances en recursos humanos, búsqueda activa de pacientes y digitalización, aunque con importantes diferencias entre jurisdicciones. La mitad de los centros participa regularmente en programas de tamizaje, el 71% de los estudios es informado por especialistas en Diagnóstico por Imagen y el 66% de los establecimientos cuenta con historia clínica informatizada. A su vez, el 50% está incorporado al Sistema de Información de Tamizaje (SITAM), con provincias como La Pampa, La Rioja, San Juan, Jujuy y Chubut que alcanzan al 100% de sus centros relevados. “Hoy sabemos dónde están los equipos, en qué estado y cómo se organiza el acceso a su alrededor, y esto ya abre la posibilidad de tomar decisiones concretas”, señaló Alejandra Sánchez Cabezas, directora de Surcos.
“Afrontar una problemática de la magnitud del cáncer de mama nos exige contar con un diagnóstico federal confiable. Queremos contar con evidencia para diseñar políticas públicas con un impacto real y amplificado. Y creemos que ninguna organización puede resolver la falta de acceso de forma aislada. La verdadera potencia está en la articulación entre sectores: cuando la sociedad civil aporta datos estratégicos y tiende puentes con la gestión pública y el ámbito privado, logramos poner en pie políticas que creen las oportunidades concretas de detección temprana para miles de mujeres en Argentina” afirmó Florencia Mezzadra, Gerenta de Fundación Instituto Natura. Estudio completo acá.
Hasta aquí llegamos hoy. Los leo en [email protected]
Hasta el martes,
Flor.