¡Hola! Hablar de nuevas economías también implica preguntarnos quiénes pueden participar de ellas y en qué condiciones. Los datos de un relevamiento de Zona Igualdad muestran que la autonomía económica no depende solamente de tener un empleo: también está atravesada por la identidad, el acceso a derechos y las redes disponibles para sostener la vida.
Juventudes LGBTIQ+ en Argentina: 6 de cada 10 no llegan a fin de mes

Tener trabajo ya no garantiza llegar a fin de mes. Para buena parte de las juventudes LGBTIQ+ en Argentina, además, sostenerse económicamente implica acumular empleos, extender la jornada laboral, postergar gastos de salud o depender de redes familiares para acceder a una vivienda.
Esa es una de las principales conclusiones del segundo Relevamiento sobre la situación actual de las personas LGBTIQ+ en Argentina, elaborado por Zona Igualdad a partir de una encuesta realizada en mayo de 2025. El informe compara los resultados con una primera medición de 2024 y pone el foco en personas de entre 18 y 30 años. En ese grupo respondieron 196 personas en 2024 y 206 en 2025.
Los resultados no buscan representar estadísticamente a toda la población LGBTIQ+ argentina. La propia organización advierte que la muestra está fuertemente concentrada en áreas urbanas: en 2025 casi la mitad de las respuestas provinieron de la provincia de Buenos Aires y alrededor de un tercio de la Ciudad de Buenos Aires. También cambió la composición entre ambos relevamientos. Las personas cis pasaron de representar el 56% de la muestra en 2024 a alrededor de dos tercios en 2025, mientras que disminuyó el peso relativo de las identidades trans y no binarias. Por eso, algunas variaciones entre años deben leerse con cautela.
El porcentaje de jóvenes que trabajaba se mantuvo relativamente estable entre 2024 y 2025. Lo que cambió fue lo que ocurría entre quienes estaban fuera del mercado laboral: la proporción que respondió que no trabajaba porque no conseguía empleo pasó del 58% al 69%.
La brecha se amplía cuando los datos se desagregan por identidad de género. Entre las personas trans y no binarias que no trabajaban, el 88% manifestó que no conseguía empleo, frente al 59% de las personas cis en la misma situación.
Las diferencias continúan entre quienes sí tienen trabajo. Según el relevamiento, las personas trans y no binarias presentan una informalidad del 25%, frente al 14% entre las personas cis. Al mismo tiempo, el informe registra una disminución del empleo formal en relación de dependencia y un crecimiento de las modalidades monotributistas y freelance.
En 2025, el 39% de las personas que trabajaban lo hacía entre seis y ocho horas diarias y otro 20% superaba las ocho horas. Además, aproximadamente una de cada tres personas necesitaba más de un empleo. Entre quienes tenían pluriempleo, la cantidad promedio de trabajos simultáneos pasó de 2,9 en 2024 a 3,1 en 2025.
El dato quizá más contundente aparece al preguntar si los ingresos alcanzan para cubrir los gastos: alrededor del 60% de las juventudes LGBTIQ+ encuestadas no llega a fin de mes. La proporción prácticamente no cambió entre los dos relevamientos.
Dentro de ese universo también existen desigualdades. El 68% de las personas trans y no binarias señaló no llegar a fin de mes, frente al 51% de las personas cis. Más de la mitad de quienes participaron, además, había tenido que recortar gastos en alimentación.
Las dificultades económicas no quedan circunscriptas al empleo y los ingresos. También condicionan el acceso a otros derechos.
Entre 2024 y 2025, por ejemplo, cayó del 55% al 43% la proporción de jóvenes con obra social. Paralelamente aumentó la utilización de prepagas y del sistema público de salud. El informe vincula ese movimiento con la pérdida de empleo formal, debido a la relación entre el trabajo registrado y el acceso a una obra social.
La dependencia del sistema público es todavía mayor entre las personas trans y no binarias: el 41% se atiende en hospitales o centros de atención primaria, frente a alrededor del 30% en el conjunto de la muestra. Al mismo tiempo, el 65% de las personas trans encuestadas estaba realizando algún tratamiento de salud que consideraba importante no interrumpir, frente al 33% del promedio general.
La posibilidad de independizarse aparece como otro desafío económico. En 2025, el 43% de las personas encuestadas vivía en una vivienda perteneciente a otra persona sin pagar alquiler, frente al 51% registrado un año antes. Solo el 18% era inquilina y el 17% propietaria. El propio relevamiento advierte que parte del aumento en la propiedad puede responder a herencias o redes familiares, y no necesariamente a una mayor capacidad de acceso a una vivienda propia.
Más de la mitad de las juventudes LGBTIQ+ consultadas, el 53%, continuaba viviendo con su familia de origen. Entre quienes tenían entre 18 y 25 años, la proporción llegaba al 68%. En el grupo de 26 a 30 años, el 39% seguía viviendo con su familia, mientras que aproximadamente el 28% vivía en pareja y otro 28% lo hacía en soledad.
La convivencia en pareja, de hecho, se duplicó entre ambos relevamientos, del 10% al 20%. Zona Igualdad plantea que, en algunos casos, puede funcionar como una estrategia para repartir el costo de sostener un hogar y no exclusivamente como una elección vinculada al proyecto de vida.
El informe muestra que las barreras económicas se superponen con otras formas de desigualdad. En los tres meses anteriores a la encuesta, el 28% de las personas jóvenes LGBTIQ+ había atravesado algún hecho de discriminación debido a su identidad de género u orientación sexual. Entre las personas trans y no binarias, esa proporción ascendía al 44%, casi el doble que entre las personas cis.
La discriminación también aparece dentro de instituciones vinculadas al acceso a derechos. Mientras ninguna de las personas cis encuestadas reportó haber sufrido discriminación en un espacio de salud, lo hizo el 20% de las personas trans y no binarias.
A pesar de esos episodios, apenas el 2% de quienes habían atravesado una situación discriminatoria realizó una denuncia formal. Entre quienes no denunciaron, el 57% señaló el miedo a represalias como una de las razones.
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Hasta aquí llegamos hoy. Los leo en [email protected]
Hasta el martes,
Flor.