La recuperación de un bosque degradado no comienza necesariamente con la plantación de árboles. Antes de intervenir a campo, es necesario comprender cómo funciona el territorio, determinar qué zonas pueden regenerarse naturalmente y acordar con las comunidades, los gobiernos y los sectores productivos cuáles requieren acciones específicas. Con este enfoque se desarrollan actualmente en Chubut y Misiones dos experiencias que buscan restaurar los bosques nativos y que, en el camino, generan aprendizajes y herramientas capaces de inspirar procesos similares en otras regiones del país.
Las iniciativas forman parte de ProCLIM-AR, un proyecto de cooperación entre Argentina y Alemania que se extenderá hasta 2028. El proyecto se implementa a través de la Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit (GIZ) GmbH, mediante la Iniciativa Internacional sobre el Clima (IKI), impulsada por el Gobierno Federal de Alemania a través del Ministerio Federal de Medio Ambiente, Protección del Clima, Protección de la Naturaleza y Seguridad Nuclear (BMUKN). Su ejecución está a cargo de un consorcio coordinado por GIZ e integrado por Fundación Avina, Fundación Vida Silvestre Argentina, la Universidad Nacional de San Martín y NewClimate Institute, en articulación con organismos nacionales, gobiernos provinciales y actores locales.
Esta articulación resulta clave para construir acuerdos de largo plazo y generar impactos que puedan sostenerse en el tiempo. “El trabajo en consorcio fortalece la legitimidad de los procesos, promueve el aprendizaje entre organizaciones y permite desarrollar soluciones más integrales para desafíos complejos como la restauración de paisajes forestales. Asimismo, el acompañamiento de la Asociación Cultural para el Desarrollo Integral (ACDI) fue fundamental para impulsar y sostener los procesos participativos en los territorios, contribuyendo a un compromiso efectivo de los actores locales”, explicó Laura Sifonios, coordinadora programática de Economía Circular Inclusiva y Biomas de Fundación Avina.
Aunque Chubut y Misiones son territorios muy diferentes en términos ambientales, sociales y productivos, ambos enfrentan un desafío común: la degradación de sus bosques. En Chubut, el trabajo se concentra en áreas afectadas por los grandes incendios forestales de 2014 y 2015, donde algunas superficies encuentran dificultades para recuperarse de manera natural. En Misiones, en cambio, el desafío es identificar y priorizar las áreas que perdieron cobertura forestal, tanto por desmontes como por incendios, dentro del Corredor Verde, la mayor superficie continua conservada del Bosque Atlántico del Alto Paraná a nivel trinacional, para orientar los esfuerzos de restauración hacia territorios con mayor criticidad.
En ese contexto, Manuel Jaramillo, director general de Fundación Vida Silvestre Argentina, destacó la importancia de acompañar la recuperación de los territorios afectados: “Los incendios forestales en Chubut, al igual que la transformación del paisaje en Misiones, no sólo afectaron árboles, sino también a los animales silvestres y otros recursos naturales, comprometiendo la estabilidad de los medios de vida de las poblaciones locales. Es por ello que coordinamos esfuerzos para promover procesos integrales que involucren a los diversos sectores en la recuperación de paisajes en los que la protección ambiental, la prosperidad económica y el desarrollo social se desarrollen de manera integrada”.
El trabajo se sustenta en la Restauración de Paisajes Forestales, un enfoque que busca, en el marco de consensos sociales que sean capaces de producir co-beneficios, restituir a largo plazo la funcionalidad ecológica de los bosques pero a su vez mejorar el bienestar humano de las comunidades que habitan dichos paisajes. Para definir las intervenciones, se combinan metodologías científicas con el conocimiento de quienes habitan y gestionan esos espacios, de manera de aunar esfuerzos para recuperar los bosques nativos a la vez que fortalecer la resiliencia climática del territorio y consolidar mecanismos de gestión colaborativa que garanticen la sostenibilidad del proceso de restauración.
La restauración requiere intervenciones de largo plazo, coordinación entre múltiples actores y una adecuada priorización de las áreas donde concentrar los esfuerzos y recursos disponibles. “Una de las principales enseñanzas de estas experiencias fue que la restauración no depende únicamente de acciones técnicas sobre el terreno. También es fundamental construir acuerdos entre gobiernos, comunidades locales, organizaciones, productores y otros actores involucrados en el territorio. Además, es importante combinar información científica con el conocimiento local para identificar prioridades y diseñar estrategias adaptadas a cada contexto”, agregó Sifonios.
En Chubut, por ejemplo, un proceso de caracterización, clasificación y priorización de áreas según severidad del incendio y capacidad de recuperación de la vegetación, permitió distinguir qué espacios que necesitan una restauración activa y otros que pueden recuperarse mediante sus propios procesos naturales. También contempla cómo reanudar las actividades productivas sin interrumpir esa regeneración: el regreso anticipado del ganado puede afectar los brotes jóvenes y el suelo mediante el pisoteo.
Otra línea de trabajo es el fortalecimiento de los viveros locales, que se impulsa tanto en Chubut como en Misiones. En Chubut se prevé producir más de 160.000 plantines de especies nativas adaptadas a las condiciones locales. Además de aportar ejemplares para las intervenciones, los viveros pueden desarrollar capacidades y generar oportunidades laborales en las comunidades vinculadas con los procesos de restauración.
En el marco de las actividades del Componente 1 – Restauración de Paisajes Forestales de ProCLIM-AR, se realizan talleres de intercambio, encuentros territoriales y espacios de validación junto a organismos provinciales, organizaciones territoriales, comunidades locales y pueblos originarios para construir hojas de ruta y planes de intervención de manera colaborativa. Estos procesos participativos permiten integrar el conocimiento científico con el saber local y fortalecer la gobernanza de la restauración en cada territorio.
Por otro lado, el proyecto está desarrollando lineamientos de Restauración de Paisajes Forestales para las siete regiones forestales de Argentina, con el objetivo de que cada provincia cuente con una metodología validada para planificar sus proyectos de restauración.
Trabajar con horizontes de largo plazo, involucrar a los actores locales desde el inicio y orientar los recursos hacia las áreas prioritarias son, en definitiva, las condiciones que estas experiencias buscan dejar instaladas. “La restauración es un proceso integral que requiere planificación, gobernanza, monitoreo y articulación institucional para recuperar los ecosistemas y para que esos esfuerzos perduren en el tiempo”, señaló Sifonios.
