¿Cómo serán las viviendas en las que vamos a envejecer?
Florencia Tuchin
septiembre 29, 2026

¡Hola! Vivimos más años y también están cambiando los hogares: son más pequeños y muchas personas llegan a edades avanzadas viviendo solas. Sin embargo, buena parte de las viviendas y las ciudades fueron diseñadas para otras etapas de la vida y otros modelos familiares. Pensar cómo queremos envejecer también implica preguntarnos: qué viviendas permiten conservar la autonomía, qué espacios favorecen la vida en comunidad y qué alternativas existen entre permanecer en la casa de siempre y mudarse a una residencia. Esta semana miramos tres respuestas diferentes que se están ensayando en Estados Unidos, Uruguay y Chile.


¿Cómo serán las viviendas en las que vamos a envejecer?

La población envejece, pero buena parte de las viviendas y las ciudades en las que vivimos no fueron pensadas para acompañar ese proceso. Escaleras, distancias largas para hacer las compras, falta de transporte o casas demasiado grandes para hogares que se achican pueden convertirse en problemas con el paso de los años. Frente a este escenario, empiezan a aparecer modelos que buscan alternativas para vivir de manera independiente durante más tiempo.

Una experiencia reciente en Estados Unidos combina esa búsqueda con otro desafío urbano: qué hacer con edificios comerciales que quedaron vacíos. En Des Moines, Iowa, un proyecto propone transformar una torre de seis pisos sin uso, ubicada en un centro comercial, en viviendas asequibles para personas mayores de 55 años.

Merle Hay Plaza and Apartments, impulsado por Gratus Development, proyecta reconvertir la antigua Merle Hay Tower en viviendas de alquiler asequible. La ubicación permitirá a sus futuros habitantes acceder a supermercado, restaurantes, banco, servicios vinculados con la salud, espacios recreativos y lugares para caminar durante todo el año sin alejarse de sus viviendas.

La propuesta fue elegida en septiembre por la Iowa Finance Authority como ganadora de una competencia que busca modelos innovadores de vivienda asequible. El proyecto podrá recibir créditos fiscales federales por aproximadamente 14 millones de dólares durante diez años. Todavía no está construido, pero el reconocimiento permite avanzar en su desarrollo.

La propuesta cruza así dos problemas que suelen pensarse por separado: la necesidad de viviendas adaptadas a una población que envejece y la existencia de infraestructura urbana que perdió su función original.


En Uruguay, mayores de 55 años buscan crear otras formas de vivienda

Una investigación publicada por la Universidad de la República (Udelar) identifica cuatro experiencias uruguayas de vivienda colaborativa impulsadas por personas que buscan anticipar cómo y dónde vivir a medida que envejecen: Carpe Diem, Anga Iru, Coviviendo y Mujeres con Historia. Todos los proyectos están integrados por personas mayores de 55 años.

La propuesta se acerca al cohousing: un modelo residencial que combina viviendas individuales con espacios de uso común, actividades y servicios compartidos. No se trata de una residencia para personas mayores ni de vivir todos bajo un mismo techo. La búsqueda es mantener un espacio propio y, al mismo tiempo, construir otra forma de convivencia.

El caso uruguayo también muestra los obstáculos que aparecen cuando surgen modelos que no encajan del todo en las categorías existentes. Según el trabajo publicado por Udelar, estas cuatro experiencias todavía se encuentran en etapas iniciales, pese a que algunas se conformaron hace varios años, porque este tipo de respuesta no está previsto dentro de las políticas públicas de vivienda del país.

Ahí aparece una pregunta que excede a Uruguay: si están cambiando la edad, el tamaño y la composición de los hogares, ¿tendrán que cambiar también las formas de diseñar, financiar y organizar la vivienda?


Chile: viviendas independientes dentro de pequeños conjuntos residenciales

Chile ofrece una tercera respuesta, esta vez desde la política pública. El Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA) cuenta con un programa de Condominios de Viviendas Tuteladas destinado a personas de 60 años o más que necesitan una solución habitacional, son autovalentes y se encuentran en situación de vulnerabilidad.

Son conjuntos de viviendas individuales que se entregan en comodato: quienes las habitan pueden utilizarlas, pero no se convierten en propietarios. El programa incorpora además apoyo psicosocial y comunitario para favorecer la autonomía y la vinculación con el entorno. En distintas regiones del país existen condominios de tamaños diversos, desde pequeños conjuntos de ocho o diez viviendas hasta otros de varias decenas.

En paralelo, la arquitecta Luz María Vergara d’Alençon, de la Universidad Diego Portales, investigó cómo podrían desarrollarse en Chile otros modelos de vivienda colaborativa para personas mayores autovalentes. Su proyecto “Cohabitar en la vejez” analizó siete experiencias nacionales e internacionales, entre ellas modelos de senior cohousing, para identificar criterios sociales y espaciales aplicables al diseño de nuevas viviendas.

La investigación pone sobre la mesa una dimensión que suele quedar relegada en la discusión habitacional: una vivienda no termina en la puerta de cada departamento. También importan los espacios comunes, la posibilidad de encontrarse con otros, la accesibilidad y la relación del conjunto residencial con su entorno.

El desafío es especialmente interesante para las ciudades latinoamericanas. Durante décadas, buena parte de la vivienda se diseñó alrededor de determinados modelos familiares. El envejecimiento de la población y el crecimiento de hogares más pequeños y unipersonales abren otra pregunta: ¿qué tipo de viviendas vamos a necesitar dentro de veinte o treinta años?


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Una planta de Holcim en Córdoba alcanzó la meta de cero residuos enviados a disposición final

La planta de Agregados Pétreos de Holcim Argentina en Malagueño, Córdoba, se convirtió en la primera operación de la compañía en el país en alcanzar la meta de cero residuos enviados a disposición final. Según la empresa, el resultado fue validado por su equipo global de Ambiente y se logró mediante nuevas prácticas de separación y alternativas de recuperación, reciclaje, tratamiento y valorización.

Entre enero y marzo de 2026, la cantidad de residuos no peligrosos enviados a disposición externa se redujo un 95% frente al mismo período de 2025: pasó de 0,75 a 0,04 toneladas. Holcim indicó que trabaja en medir con mayor precisión los residuos generados para dar seguimiento al resultado.


Hasta aquí llegamos hoy. Los leo en [email protected]

Hasta el martes,

Flor.