Un programa de primer empleo elevó los ingresos 17% entre los varones y 8% entre las mujeres
Florencia Tuchin
agosto 25, 2026

¡Hola! Esta semana quería contarles sobre un programa uruguayo que ofrece una primera experiencia laboral formal a jóvenes que todavía están estudiando. Los resultados muestran que una oportunidad temprana puede mejorar su trayectoria durante años. Pero también dejan una advertencia: no resuelve la brecha de género. La iniciativa fue publicada en un informe de políticas del Laboratorio de Innovación de Género para América Latina y el Caribe del Banco Mundial.


Un programa de primer empleo elevó los ingresos 17% entre los varones y 8% entre las mujeres

El paso de la escuela al mundo laboral es uno de los momentos más difíciles para las juventudes de América Latina y el Caribe. Casi una de cada cinco personas jóvenes de la región no estudia, no trabaja ni participa de una capacitación. Las mujeres enfrentan obstáculos adicionales: tienen más probabilidades de quedar fuera tanto del sistema educativo como del mercado laboral y, cuando consiguen empleo, suelen acceder a puestos más informales, inestables y peor remunerados.

En Uruguay, el programa Yo Estudio y Trabajo busca intervenir antes de que los jóvenes abandonen sus estudios o queden fuera del mercado laboral. La iniciativa ofrece a personas de entre 16 y 20 años su primera experiencia laboral formal en empresas públicas. Los empleos son de tiempo parcial, duran hasta un año y están pensados para que puedan compatibilizarse con los estudios. Para participar, las personas seleccionadas deben continuar estudiando durante todo el programa.

Se analizaron los resultados de las primeras tres ediciones a partir de los registros de más de 90.000 postulantes. Como los puestos se asignan mediante un sorteo, fue posible comparar las trayectorias de quienes recibieron una vacante con las de jóvenes de características similares que no fueron seleccionados. Los registros de la seguridad social permitieron seguir la evolución de sus ingresos formales hasta siete años después de su participación. Los resultados muestran que los beneficios no desaparecieron una vez finalizada la experiencia. Entre el tercer y el séptimo año posterior al programa, quienes participaron obtuvieron ingresos entre un 10% y un 13% superiores a los de jóvenes comparables que no accedieron a una vacante. Además, permanecieron más tiempo en el sistema educativo: en promedio, completaron cerca de tres meses adicionales de estudios.

La experiencia benefició tanto a mujeres como a varones, pero no en la misma proporción. Entre el tercer y el séptimo año posterior al programa, los ingresos de los participantes varones fueron alrededor de un 17% superiores a los de varones comparables que no accedieron a una vacante. Entre las mujeres, la mejora fue cercana al 8%. Esta diferencia todavía no se observaba dos años después del programa. Recién apareció y comenzó a ampliarse con el paso del tiempo.

Esto no significa que la iniciativa haya perjudicado a las mujeres. El programa redujo la distancia entre las mujeres participantes y los varones que no participaron. Sin embargo, al mismo tiempo, aumentó la diferencia entre ellas y los varones que sí accedieron a la experiencia laboral. Los resultados muestran una doble realidad: el programa mejora las oportunidades de las mujeres, pero no logra evitar que las desigualdades de género reaparezcan en sus trayectorias posteriores.

La cantidad de tiempo trabajado no parece ser la principal explicación, aunque tampoco puede descartarse por completo. El programa aumentó de manera similar la cantidad de meses con ingresos formales para mujeres y varones. En el caso de los varones, también produjo un aumento equivalente a alrededor de una hora y media semanal de trabajo en un mes promedio con empleo. El efecto fue algo menor entre las mujeres, pero la diferencia entre ambos grupos no fue estadísticamente significativa. La distancia más clara estuvo en los salarios mensuales: crecieron un 11% entre los varones y un 4% entre las mujeres.

Una posible explicación sería que mujeres y varones terminaron trabajando en sectores diferentes. Sin embargo, la investigación no encontró pruebas que respalden esa hipótesis. Durante el programa fueron incorporados a los distintos sectores en proporciones similares y, en los años posteriores, las mujeres no tuvieron menos probabilidades que los varones de trabajar en la industria.

La diferencia se concentró en manufactura y energía. Allí, los varones lograron aumentos importantes en sus ingresos, mientras que entre las mujeres la mejora fue pequeña y los datos no permiten afirmar que haya sido producto del programa. La desigualdad ya existía entre quienes no participaron: la iniciativa no la creó, pero tampoco consiguió impedir que se ampliara con el tiempo.

La información disponible no permite saber con exactitud por qué las mujeres obtuvieron menores beneficios dentro del mismo sector. Es posible que hayan ingresado a empresas que pagan salarios más bajos, ocupado puestos peor remunerados o tenido menos oportunidades de ascenso. La investigación tampoco descarta la influencia de la maternidad y las responsabilidades domésticas. La brecha aparece en una etapa de la vida en la que algunas participantes pueden estar formando una familia y asumiendo una mayor carga de cuidados, aunque el estudio no cuenta con información que permita comprobar esta relación.

Según los autores, los programas que permiten estudiar y trabajar podrían complementarse con orientación y acompañamiento después del primer empleo, servicios de cuidado accesibles, licencias que involucren a los padres, horarios flexibles en empleos de calidad y medidas que promuevan la transparencia y la igualdad salarial. El informe aclara que la investigación no evaluó directamente la eficacia de estas políticas. Se trata de posibles líneas de acción basadas en los resultados y en la realidad laboral de la región.

El aprendizaje más importante puede estar en la duración del seguimiento. Si la evaluación hubiera terminado a los dos años, se habría concluido que el programa beneficiaba de manera similar a mujeres y varones. Observar sus recorridos durante más tiempo permitió descubrir que no alcanza con ofrecer una primera oportunidad: también es necesario prestar atención a lo que sucede después.


Río Negro fortalece la articulación entre la escuela secundaria, el mundo del trabajo y los estudios superiores

En la provincia de Río Negro, en el sur argentino, se está desarrollando una política destinada a ampliar las oportunidades educativas de más de 11.000 estudiantes. La iniciativa es resultado del trabajo conjunto entre el Gobierno provincial, GDFE, fundaciones y empresas.

La política provincial educativa de articulación entre la escuela secundaria, el mundo del trabajo y los estudios superiores busca fortalecer las trayectorias de los estudiantes, ampliar sus oportunidades y acompañarlos en la construcción de sus proyectos de vida, acercando la experiencia escolar a los entornos productivos, académicos, científicos, tecnológicos, sociales y comunitarios de cada territorio.

“No podemos pensar la educación como algo aislado del proyecto productivo y energético de la provincia”, señaló Patricia Campos, ministra de Educación y Derechos Humanos, y remarcó que: “No sólo estamos hablando de que nuestros estudiantes logren encontrar un empleo, sino que estamos hablando de algo mucho más profundo. Estamos hablando de ampliar horizontes, de ayudar a construir un futuro, de brindar oportunidades”.

“Esta experiencia muestra el valor de construir de manera colectiva alrededor de desafíos que ningún actor puede resolver por sí solo. Desde GDFE trabajamos para generar y fortalecer alianzas que articulen esfuerzos, recursos y capacidades al servicio del bien común. En este caso, para ampliar las oportunidades de futuro de miles de jóvenes”, señaló Javier García Moritán, Director Ejecutivo de GDFE.

La propuesta se concentra en las escuelas secundarias orientadas, con foco en el último año, y busca generar condiciones para que la vinculación con el entorno forme parte de la experiencia educativa y no dependa de iniciativas aisladas. En 2026, la iniciativa se propone alcanzar al 100% de las escuelas secundarias orientadas de gestión estatal de la provincia, 98 instituciones, además de la Escuela Secundaria Rural Virtual, las 22 zonas supervisivas, más de 11.000 estudiantes y alrededor de 800 docentes. El trabajo territorial se desarrolla en seis nodos: Viedma, Bariloche, Cipolletti, Roca, Valle Medio y Sur.

La política se organiza en torno a cuatro ejes: la formación y el acompañamiento a docentes, directivos y supervisores; el desarrollo de experiencias educativo-laborales y proyectos situados; la articulación territorial a través de Mesas Interinstitucionales Regionales; y el monitoreo, la evaluación y la sistematización de los aprendizajes que surjan de su implementación.

Actualmente, participan Fundaciones Grupo Petersen, Fundación IRSA, Fundación Pampa Energía, Fundación Siemens, Fundación YPF, TGS, Bounty EdTech, Fundación Acindar, Fundación Grupo Volkswagen, Universidad Siglo 21 y el BID, mientras que la OEI acompaña técnicamente la implementación.


Las soluciones con las que Japón reduce el impacto de las inundaciones

En Japón, la adaptación a las inundaciones no se limita a construir diques, muros u otras barreras físicas de protección. También puede significar convertir un arrozal en infraestructura temporal para almacenar agua, sumar sensores a una luminaria o diseñar un edificio que funcione como refugio durante una emergencia. Esa combinación de soluciones de distinta escala es el eje de Resilient Economies: Flood Adaptation Infrastructure Innovations from Japan, un informe del Foro Económico Mundial en colaboración con Deloitte. Lee la nota acá.


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Capibara realiza su primera inversión en Argentina y elige a Zafrán

El holding regional de inversión de impacto Capibara adquirió una participación minoritaria en Zafrán y se incorporó a su directorio. Se trata de su primera operación en Argentina y la segunda de su portafolio, después de la empresa chilena de alimentos Ecoterra. Creado por diez referentes vinculados con el ecosistema de Empresas B de Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay, Capibara invierte en compañías consolidadas del sistema alimentario y proyecta cerrar 2026 con cuatro empresas en su cartera.

Zafrán destinará los fondos, cuyo monto no fue informado, a incorporar tecnología en su planta de Villa Lynch, ampliar su capacidad productiva y avanzar hacia los mercados de Chile, Uruguay y Paraguay. La empresa argentina cuenta con 50 integrantes y proyecta ventas superiores a los cuatro millones de dólares para este año. Según informó, el 55% de su equipo está integrado por personas que enfrentaban barreras para acceder al empleo formal.


Hasta aquí llegamos hoy. Los leo en [email protected]

Hasta el martes,

Flor.