¡Hola! Para esta edición conversé con Patricia Cirillo, licenciada en Geografía y cofundadora de Cambalache, una cooperativa que trabaja con datos geográficos. Poner la información sobre un mapa permite obtener nueva información: dónde faltan servicios de cuidado, qué recorridos hacen las mujeres para llegar al transporte público, qué obstáculos encuentran los chicos alrededor de una escuela o qué huellas de la memoria colectiva permanecen dispersas por una ciudad. La tecnología se convierte en una manera de mirar el territorio.
Mapear para transformar: cómo una cooperativa tecnológica usa datos para cambiar las ciudades

En el barrio Rodrigo Bueno, en la Ciudad de Buenos Aires, un trabajo de mapeo sobre movilidad, seguridad y género permitió identificar, entre otras cuestiones, las dificultades que atravesaban las mujeres para llegar al transporte público. La única parada de colectivo estaba ubicada en un extremo del barrio y llegar hasta allí se volvía especialmente complejo con lluvia o calor: en el camino no había árboles ni refugio. Según cuenta Patricia Cirillo, geógrafa, especialista en Planificación Urbana y Regional y cofundadora de Cambalache Cooperativa Geográfica, el trabajo realizado con las vecinas sirvió para sumar al reclamo que ellas ya venían haciendo. Como resultado, se agregaron dos paradas más de la línea 2 en el barrio.
Rodrigo Bueno fue uno de los ocho barrios populares porteños incluidos en un relevamiento sobre movilidad, seguridad y género que Cambalache desarrolló entre octubre de 2021 y octubre de 2022 junto a la Secretaría de Transporte y Obras Públicas y el Instituto de Vivienda de la Ciudad, con el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF). El proyecto combinó una instancia cuantitativa con talleres de mapeo participativo en los que las vecinas dibujaron sobre los mapas sus percepciones de seguridad y sus recorridos cotidianos. De esa manera, experiencias que suelen permanecer fuera de las bases de datos se convirtieron en una capa de información que podía cruzarse con infraestructura, servicios o indicadores económicos.
Para Cirillo, allí aparece el valor de lo que denomina inteligencia territorial. Una tabla puede mostrar edades, cantidades, domicilios o porcentajes. El mapa agrega otra dimensión: permite observar qué está cerca, qué está lejos, dónde se concentra un fenómeno y con qué otras características del territorio puede relacionarse. “Cuando vos ves espacialmente esa combinación de información aparece un mundo nuevo”, explica.
No se trata únicamente de representar datos. También hay decisiones detrás de cómo se los representa. Qué información se destaca, cuál se agrupa, qué escala se utiliza o qué variables se superponen cambia la lectura que hacemos de un territorio. “Todos los mapas son políticos”, resume Cirillo, en el sentido de que cualquier representación implica elegir qué mostrar y de qué manera.
Desde mayo de 2023, Cambalache trabaja junto al área de Género del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en el mapeo de la oferta y la demanda de cuidados en distritos seleccionados de Lima Metropolitana, en Perú, y en República Dominicana. El trabajo cruza la localización de centros de cuidado públicos, privados y comunitarios con información oficial sobre población de cero a cinco años, personas con discapacidad y personas adultas mayores con cuidado dependiente. El objetivo es poder observar territorialmente cuestiones como cuántos servicios existen y qué tan accesibles son para la población que potencialmente los necesita.
Otro proyecto, que la cooperativa lleva adelante desde junio de 2025 junto a la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, parte de una pregunta cotidiana: ¿qué condiciones hacen que un niño o una niña pueda moverse de manera autónoma alrededor de su escuela?
Primero construyeron un diagnóstico espacial de los entornos escolares porteños a partir de fuentes de organismos públicos, considerando cuatro dimensiones: seguridad; transporte, movilidad y condiciones peatonales; barreras urbanas; y visibilidad, actividad y soporte comunitario. Después llevaron mapas a cuatro escuelas de las zonas seleccionadas y trabajaron con estudiantes, docentes y familias para conocer cómo percibían esos mismos lugares.
Cirillo cuenta que algunos barrios que podían aparecer peor posicionados en el indicador técnico eran percibidos como seguros por los chicos porque existía una red comunitaria fuerte y las personas se conocían entre sí. En otros lugares, aun cuando las condiciones urbanas parecían más favorables, existía menos autonomía infantil y más sobreprotección, una diferencia que Cirillo vincula, entre otros factores, con la clase social y las costumbres de cada zona. El mapa cuantitativo, por sí solo, no alcanzaba para explicar la experiencia de quienes habitaban ese territorio. El proyecto avanza ahora en una tercera etapa, orientada al desarrollo de una aplicación móvil y a la promoción de acciones comunitarias en los entornos escolares.
Ahí aparece otra característica del trabajo de Cambalache: la tecnología funciona como una capa de un proceso más amplio. Los datos pueden mostrar una desigualdad, pero los mapeos participativos permiten preguntar cómo esa desigualdad es experimentada por las personas.
Cambalache tiene actualmente ocho integrantes y trabaja exclusivamente con software libre. Sus principales clientes han sido organismos públicos, cooperativas de servicios y equipos de investigación de universidades. La cooperativa deja afuera proyectos que considera incompatibles con su propósito. Cirillo menciona específicamente a las empresas extractivistas y pone como ejemplo la decisión de no trabajar para una petrolera. Esa selección, sostiene, también forma parte del impacto de la cooperativa: no se trata solamente de qué tecnología desarrollan, sino de decidir al servicio de qué actores y actividades ponen ese conocimiento.
Cirillo cuenta que al comienzo la forma de cooperativa les permitió distribuir riesgos. No tenían capital para crear una empresa tradicional ni para contratar empleados. Con el tiempo, sin embargo, la elección fue mucho más allá de una cuestión económica. Todos son asociados, los votos tienen el mismo valor y las decisiones sobre retiros, excedentes o inversiones se toman colectivamente.
Esa estructura modifica incluso la manera en que surgen algunos proyectos. Una persona del equipo puede interesarse por una idea, proponerla al resto y comenzar a desarrollarla antes de contar con un cliente que la financie. Así nació, por ejemplo, AppMurales, una plataforma colaborativa que permite fotografiar y geolocalizar murales, registrar su estado y construir recorridos por el patrimonio visual de las ciudades. Es un desarrollo propio, que la cooperativa está ofreciendo a áreas de cultura y turismo.
Algo similar ocurrió con el Mapa de la Memoria. El proyecto empezó como una iniciativa de la propia cooperativa y derivó en un convenio con la Fundación Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. En marzo de 2026, en el marco de los cincuenta años del golpe de Estado, Cambalache presentó el mapa interactivo, que reúne y geolocaliza espacios y sitios de memoria, centros clandestinos de detención, archivos, señalizaciones y lugares vinculados al juicio a las Juntas Militares. Está construido sobre GeoNube, la plataforma de software libre que desarrolla la cooperativa, y busca transformar marcas dispersas en el territorio en un archivo digital abierto, que pueda ser consultado y actualizado de manera colaborativa.
La nota de Climate Tracker analiza el giro productivo que atraviesa Mendoza con el avance de la minería de cobre, una actividad que durante décadas encontró una fuerte resistencia social y empresarial en una provincia históricamente asociada al vino y a la defensa del agua. A partir del crecimiento de los proyectos de exploración, la investigación reconstruye cómo cambiaron las posiciones de actores políticos, productivos y sociales, en un contexto de caída de la vitivinicultura, mayor demanda global de cobre por la transición energética y búsqueda de nuevas fuentes de empleo e inversión. Al mismo tiempo, muestra que el principal punto de conflicto sigue siendo el agua: mientras el gobierno provincial y sectores empresariales sostienen que la minería puede convivir con la agricultura bajo las regulaciones existentes, organizaciones de Uspallata y otros movimientos sociales advierten sobre los riesgos ambientales y cuestionan que la transición energética global justifique transformar territorios históricamente opuestos a la megaminería. Lee la nota acá.
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En asociación con Africa Creative, Natura lanza la plataforma The Future P&L, una herramienta online y gratuita que permite a empresas de cualquier tamaño y sector medir su valor inspirándose en el modelo utilizado por la empresa. La metodología, utilizada por Natura desde 2021, ya ha registrado más de 50 mil millones de reales en impacto socioambiental positivo en demostraciones anuales anteriores.
La plataforma, que funciona como una calculadora interactiva, está disponible en The Future P&L. Al acceder al portal, el usuario debe proporcionar información sobre la operación de su empresa, como ingresos de la red de colaboradores, socios y proveedores, generación de residuos plásticos y acciones sociales.
Esta información es confidencial y Natura no tiene acceso, en ningún momento del proceso, a lo que se ingresa en la calculadora. A partir de esos datos, la plataforma aplica factores de valoración monetaria (proxies de impacto) para convertir indicadores socioambientales en números. El resultado se presenta de forma monetizada e integrada, lo que permite comparar el lucro tradicional con el valor compartido generado por la compañía.
Moda circular: tres caminos para enfrentar los residuos textiles
Solo el 1% de los textiles usados vuelve a convertirse en nuevos productos textiles a escala global, mientras que cerca de dos tercios de los materiales utilizados por la industria provienen de polímeros derivados del petróleo. Frente a este escenario, un artículo del World Economic Forum plantea que pedir a los consumidores que compren menos, elijan mejor o donen su ropa no alcanza si no existe una infraestructura capaz de cerrar el ciclo.
Entre las alternativas aparecen políticas de responsabilidad extendida del productor que incorporen el costo de recuperar los materiales; incentivos para que la reparación y la reventa puedan competir económicamente; y sistemas de trazabilidad que permitan conocer el origen y la composición de las prendas. El artículo también pone el foco en una transición justa para quienes trabajan en la recuperación y el reciclaje, especialmente en el Sur Global, donde buena parte de estas actividades se desarrollan de manera informal.
La tercera vía es la innovación en nuevos materiales de origen biológico. Entre los casos mencionados están Spora Biotech, que desarrolla textiles a partir de hongos, y la mexicana Desserto, que produce una alternativa al cuero basada en nopal. La propuesta no es reemplazar una materia prima por otra de manera aislada, sino combinar innovación, regulación y nuevas condiciones económicas para avanzar hacia una industria textil más circular.
Lee la nota completa en World Economic Forum.
Hasta aquí llegamos hoy. Los leo en [email protected]
Hasta el martes,
Flor.