Carolina Huffmann: “Diseñar ciudades es diseñar vínculos”
La arquitecta sostiene que la diversidad, la participación y los espacios de encuentro son claves para construir ciudades más inclusivas, inteligentes y habitables.
Melisa Gabbanelli |
junio 25, 2026

“Necesitamos empezar a planificar las ciudades incluyendo a las llamadas minorías”, expresa Carolina Huffmann. Con una mirada humanista del urbanismo centrada en las personas y la vida colectiva, impulsa proyectos participativos junto a vecinos, organizaciones de la sociedad civil y otros actores. Además, escribió La diversidad hace a la inteligencia emocional, un texto que invita a reflexionar sobre a quiénes afectan los proyectos urbanísticos, quiénes quedan fuera de las decisiones y qué herramientas existen para materializar los deseos colectivos.

La Secretaría para la Cooperación Iberoamericana editó recientemente el libro Vida Urbana. Herramientas para mejorar las ciudades de Iberoamérica, que reúne proyectos destacados de urbanismo en la región. Allí figura el artículo de Huffmann, donde reflexiona sobre la diversidad como motor de la vida en sociedad y su valor estratégico en el diseño de políticas públicas.

“Las llamadas minorías representan una porción significativa de la población. Las mujeres son la mitad de los habitantes, las infancias cerca del 35% y, en muchas ciudades de América Latina, más del 35% de las personas vive bajo la línea de pobreza”, agrega la arquitecta.

A partir de estos datos, Huffmann sostiene que la inclusión no es solo una cuestión de sensibilidad, sino también de justicia y eficiencia urbana. “Debemos seguir apostando a garantizar la accesibilidad física, económica y social de llegar, estar, permanecer y convivir en un mismo espacio. Es importante crear espacios comunes y públicos como ámbitos de encuentro, interacción y convivencia”, afirma.

En su artículo, la arquitecta describe transformaciones en el tejido social, como el aumento de la expectativa de vida y los nuevos modelos familiares. “Las familias han cambiado tanto que las ciudades tienen que hacer los ajustes necesarios para acompañar estas nuevas realidades. Las personas mayores no solamente requieren cuidados, también cuidan, por ejemplo a las infancias. Hoy los abuelos están súper activos y vitales. Los adultos mayores y los adolescentes aún necesitan ser más tenidos en cuenta a la hora de pensar espacios de encuentro. Sigue siendo difícil que encuentren redes donde haya intercambio, diálogo, intereses y juego”, explica.

Otro concepto que desarrolla es el de inteligencia urbana, entendida como el conjunto de condiciones vinculadas a la emocionalidad, la autonomía, la autorregulación, la confianza, la sostenibilidad y las redes de apoyo que las personas construyen en relación con su territorio. Una ciudad inteligente contempla la diversidad de edades, géneros y roles sociales, y busca desarticular prejuicios y prácticas de discriminación.

Huffmann señala que las emociones que genera una ciudad están directamente relacionadas con el grado en que las personas se sienten parte de ella. “Vivir en comunidad nos educa, nos obliga a convivir, negociar y respetar al otro”, sostiene. La presencia de los demás regula comportamientos, promueve la solidaridad y refuerza los valores de la vida compartida.

Desde la idea de que diseñar ciudades es diseñar vínculos, la arquitecta plantea: “Cuando una persona sale a la calle, establece vínculos con desconocidos y confía en el comportamiento social de los otros de manera casi inconsciente. Hay una comprensión de que no estamos solos en el mundo: contamos con redes que nos sostienen. Cuanto más diseñemos ciudades que fortalezcan esas redes afectivas, más se reducirán las brechas”.

Para Huffmann, uno de los puntos centrales es generar espacios de escucha. “Hacer un diseño participativo con las personas es mucho más rico que instalar mobiliario o realizar cambios sin entender la lógica del espacio y su uso. Hay personas que no tienen tiempo, que son minorías o que han sido invisibilizadas históricamente. Por eso, la participación no puede ser pasiva: hay que salir a buscar esas voces de forma más activa”, concluye.