¡Hola! No es fácil que casi 200 países se pongan de acuerdo sobre un tema tan complejo como el plástico. Y la semana pasada, en Ginebra, eso volvió a quedar en evidencia: tras largas sesiones y reuniones que se extendieron hasta la madrugada, los gobiernos no alcanzaron un consenso sobre el futuro tratado mundial para poner fin a la contaminación plástica.
El tratado global sobre plásticos se retrasa: Ginebra cierra sin acuerdo

El proceso de negociación conocido como INC-5.2 debía servir para cerrar un texto de compromiso, pero concluyó sin avances sustanciales. El borrador final fue rechazado por un amplio grupo de países que consideró que no respondía al mandato de Naciones Unidas: diseñar un instrumento internacional capaz de abordar el ciclo completo del plástico, desde su producción hasta su eliminación.
El punto de mayor tensión estuvo en la posibilidad de limitar la producción de plásticos vírgenes, un aspecto respaldado por la mayoría de los Estados, pero resistido por un bloque de países (entre ellos Arabia Saudita, Rusia, Irán y Estados Unidos) que insistió en mantener abierto ese punto.
La Coalición de Científicos que acompaña el proceso señaló que un tratado débil no estaría a la altura de los desafíos. “Los datos científicos son claros: reducir la producción es clave para proteger la salud y el ambiente”, remarcaron en un comunicado.
Organizaciones ambientales también expresaron su preocupación. Para Greenpeace, lo ocurrido debe servir como una advertencia: “La crisis de los plásticos se acelera y necesitamos un acuerdo jurídicamente vinculante que recorte la producción, proteja la salud humana y garantice financiamiento justo”, dijo Graham Forbes, jefe de la delegación en Ginebra.
Desde la Alianza Global para Alternativas a la Incineración (GAIA), Ana Rocha destacó que “ningún tratado es mejor que un mal tratado” y reclamó mayor transparencia en las negociaciones, que en esta ocasión estuvieron marcadas por cambios imprevistos en el cronograma y reuniones convocadas a horas poco habituales.
La crítica también apuntó al procedimiento. Varios delegados denunciaron que la mecánica de consenso favorece a los países menos ambiciosos y bloquea las propuestas del Sur Global, que viene impulsando medidas como la reducción de químicos tóxicos, la transición justa para recicladores y la creación de un fondo específico de financiamiento.
En paralelo, la sociedad civil y los pueblos indígenas mantuvieron una presencia activa en el Palacio de las Naciones. Con protestas, foros y actividades artísticas, recordaron que la crisis plástica no se limita a los residuos, sino que atraviesa dimensiones sociales, de salud pública y de justicia ambiental.
Para organizaciones como la Environmental Justice Foundation (EJF), el proceso solo podrá avanzar si se corrigen estas falencias. “Otra ronda de negociaciones será bienvenida, pero no servirá de nada si no arreglamos el procedimiento”, advirtió Salisa Traipipitsiriwat, delegada de la fundación.
A pesar del desencanto, en la mayoría de los países persiste la voluntad de seguir en la mesa. “Aunque no logramos acordar el texto que esperábamos, todos los Estados expresaron su deseo de continuar participando”, dijo Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
En total, participaron más de 2600 personas, entre delegados de 183 países, observadores y representantes de unas 400 organizaciones. Ese nivel de involucramiento refleja que el tema ya no se considera solo un asunto de gestión de residuos, sino un desafío global con implicancias económicas, sociales y sanitarias.
“Puede ser frustrante no alcanzar el objetivo, pero no debe desalentarnos. Debe impulsarnos a renovar compromisos”, señaló el presidente del comité, Luis Vayas Valdivieso, al clausurar la sesión.
La próxima ronda de conversaciones todavía no tiene fecha definida. Mientras tanto, la sociedad civil insiste en que la pausa no debe entenderse como un retroceso, sino como una oportunidad para corregir el rumbo y recuperar la ambición que exige la crisis plástica.
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