Viajar sin barreras: desafíos y avances del turismo accesible en Argentina
El turismo accesible no es una categoría especial, sino una condición necesaria para garantizar el derecho al ocio de todas las personas. Carolina Mazzocchi, especialista y usuaria de silla de ruedas, reflexiona sobre el estado actual del turismo inclusivo en el país.
Melisa Gabbanelli |
julio 17, 2025

En pleno receso invernal, mientras muchas familias arman las valijas rumbo al descanso, para otras el viaje empieza mucho antes: con llamados, planillas y consultas que intentan responder una sola pregunta clave: ¿es accesible? Para las personas con discapacidad, todas las etapas que componen un viaje pueden representar una dificultad extra, cuando los destinos y los proveedores de servicios de turismo, hotelería y prestadores en general, no tienen implementada una política de turismo inclusivo dentro de la oferta de servicios que ofrecen.

La Ley N° 25.643 define al turismo accesible como el complejo de actividades originadas durante el tiempo libre, orientado al turismo y la recreación, que posibilitan la plena integración —desde la óptica funcional y psicológica— de las personas con movilidad y/o comunicaciones reducidas, obteniendo durante las mismas la satisfacción individual y social del visitante y una mejor calidad de vida.

Según la normativa, los servicios turísticos deben cumplir con lo que se denomina diseño universal, es decir que los productos y servicios están pensados para que todos, incluidas las personas con discapacidad, puedan usarlos. Asimismo, deben garantizar la accesibilidad, entendida como el entorno que elimina las barreras de todo tipo que impiden la participación de personas con discapacidad. Si bien muchas de estas barreras suelen ser de carácter físico, como la arquitectura adaptada o no de un edificio, también hay otras formas de dificultar el acceso como por ejemplo la falta de señalización, no contar con baños adaptados para sillas de ruedas, falta de rampas, puertas amplias, entre otros.

Carolina Paola Mazzocchi es una turista con necesidades de accesibilidad que, además de haberse graduado como Técnica Universitaria en Turismo, también se formó como Diplomada en Política y Gestión Estratégica del Turismo Accesible. Ella es una referente de la temática no solamente por su formación académica sino también porque es usuaria permanente de silla de ruedas desde el año 2015.

En relación al término turismo accesible, Carolina considera que no hay un «turismo accesible» entendido como un tipo de turismo y sobre este punto profundiza: “Ninguna persona va a tener como motivación de viaje ir a determinado lugar porque es accesible. La accesibilidad turística es una característica que deben tener todos los destinos, productos y servicios turísticos. Esa característica le brinda calidad al servicio”.

A la hora de pensar en el panorama local, se puede afirmar que Argentina, en relación a la accesibilidad turística, se encuentra en una situación un tanto compleja ya que, según señala Mazzocchi, por un lado el desarrollo turístico de cada una de las provincias es diferente pero a su vez dentro de la misma no es lo mismo si hablamos de una ciudad capital o de un pueblo pequeño. Es decir que el panorama y las políticas públicas implementadas en cada región varían drásticamente.

En lo que respecta a las áreas de gran alcance turístico, se destaca el Programa de Turismo Accesible en las Áreas Protegidas Nacionales, el cual fue creado hacia fines del año 2020 para unificar acciones institucionales que se enmarquen en el mejoramiento de la infraestructura, comunicación, capacitación y sensibilización orientadas a mejorar la experiencia de los visitantes. Otro punto central del programa, tiene relación con la generación de buenas prácticas actitudinales para el trato de personas con diferentes discapacidades.

Por su parte, Buenos Aires cuenta con un área especial de gobierno dedicada al desarrollo de políticas públicas enmarcadas en el turismo accesible, entre sus principales herramientas se encuentra el buscador de prestadores que le permite al usuario conocer opciones inclusivas en lo que refiere a distintas agencias de viajes, hospedajes, gastronomía, atractivos y centros de atención. Asimismo, muchos lugares emblemáticos de la ciudad cuentan con los llamados planos táctiles, especialmente confeccionados para que las personas con discapacidad visual puedan orientarse rápidamente e imaginar el espectro espacial por el que se mueven. Estos planos representan en tres dimensiones un espacio determinado e informan sobre la ubicación de los principales atractivos turísticos gracias a la incorporación de diferentes texturas, colores contrastantes y referencias en macrotipo y Braille. El Planetario, el Buenos Aires Museo y el Museo de la Casa Rosada, son solo tres de los múltiples lugares en donde se ubican estos planos.

Recientemente, se inauguró en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, una Sala de la Calma especialmente pensada para acompañar a personas dentro de la Condición del Espectro Autista (CEA) durante su espera a la salida de sus vuelos. La misma fue diseñada
cuidando los colores, la luminosidad, el mobiliario, con el propósito de reducir estímulos visuales y sonoros y acompañar institucionalmente a quienes requieren de estos espacios.

En plena pandemia, Carolina creó la cuenta de Instagram @turismoyaccesibilidadarg, con la idea de volcar en ese perfil contenido vinculado al ocio, el esparcimiento y al turismo. Sobre aquella época, recuerda: “Se me ocurrió hacer una serie de vivos de Instagram en dónde los prestadores pudieran difundir los servicios o productos accesibles. En el cronograma de vivos pasé por todos los eslabones de la cadena de accesibilidad turística, desde apps de búsqueda hasta excursiones. Es entonces cuando me vi con la necesidad de abrir una cuenta nueva en donde hablar pura y exclusivamente de turismo y accesibilidad”.

A la hora de planificar un viaje, los principales factores que Carolina tiene en cuenta se vinculan con: Tener claridad sobre cuáles son los puntos en donde puede llegar a resignar tener accesibilidad y en qué puntos no. Ella lo explica indicando que el viaje comienza al salir y al regresar a su casa, todo lo que ocurra en el medio de ese trayecto forma parte de la cadena de accesibilidad turística y es ahí, en cada uno de esos “puntos” en donde la accesibilidad tiene que estar garantizada para que sea un experiencia inclusiva y gratificante. “Si voy pocos días, me conviene viajar en avión. Pero los trenes de larga distancia tienen sanitario accesible y lugar destinado a la silla de ruedas lo que hace que no me tenga que estar pasando a una butaca. En este caso para ganar tiempo resigno accesibilidad. Voy al baño accesible en los aeropuertos sabiendo que durante el vuelo no lo voy a poder utilizar y me transfiero al asiento del avión en vez de quedarme en mí silla”, explica Carolina.

Tener en cuenta que el presupuesto que se necesita para un mismo destino teniendo necesidades de accesibilidad es mayor que no teniéndolas. Puntualmente en el caso de los alojamientos los que suelen tener más accesibilidad son los de más categoría y por ende los más caros. También influye, para las personas con discapacidad motriz o movilidad reducida el hecho de que muchas veces el transporte público del destino no es accesible, lo cual implica movilizarse en taxi, remis o auto de alguna app lo que engrosa el presupuesto. Lo mismo ocurre con los transfers o excursiones. Por temas de accesibilidad conviene hacerlas en privado”.

“Encontrar un destino en donde la cadena no se corte en ningún momento es casi imposible”, admite Carolina. Esa cadena —que empieza al salir de casa y termina al regresar— sigue presentando eslabones débiles. Mientras no se garantice la accesibilidad en cada uno de esos tramos, el turismo seguirá siendo un derecho pendiente para muchas personas.