¡Hola! Esta semana ponemos el foco en una pregunta concreta: ¿cómo se traduce la regeneración del suelo en ingresos para los productores? En una entrevista con Otra Economía, Pablo Francisco Borrelli, cofundador y CEO de Ruuts, cuenta que SARA ya emitió sus primeros créditos de carbono. La conversación permite entender cómo funciona el negocio, qué parte del ingreso recibe quien produce y qué costos pueden limitar la participación de los campos más pequeños.
Créditos de carbono: qué pueden ganar los productores que cambian el manejo ganadero

Cambiar la forma de decidir dónde pastorean los animales y cuánto tiempo permanecen en cada lugar puede abrir una fuente de ingresos para los productores ganaderos. Esa es la propuesta de SARA, un programa que busca aumentar el carbono almacenado en el suelo mediante la planificación del pastoreo y generar créditos que puedan comercializarse. Pero cuánto recibe cada productor depende de la captura contabilizada, de los descuentos aplicados y del valor al que se venden esos créditos.
El programa es impulsado por Ruuts junto con Anthesis como socio global y con Ovis 21 en Argentina, De Raíz en Paraguay y Efecto Manada en Chile. Según el material institucional compartido, reúne más de 130 campos y 150.000 hectáreas y fue validado y registrado por Verra bajo la metodología VM0042.
Pablo Francisco Borrelli, cofundador y CEO de Ruuts, explica que la transición consiste en pasar de una ganadería extensiva convencional o con manejo rotativo no planificado a otra en la que se organizan los tiempos de pastoreo y descanso. Según señala, ese cambio permite que el pastizal comience a regenerarse, acumule materia orgánica y aumente el carbono en el suelo. El programa cuantifica ese carbono en los primeros 30 centímetros.
Para participar, el productor debe firmar un contrato, comprometerse con el cambio de manejo y realizar monitoreos. Además del carbono, se evalúan la biodiversidad, la infiltración de agua y un índice de salud ecológica del predio. Técnicos acreditados de la red acompañan al productor en las instancias de planificación.
La transformación comienza con decisiones sobre el manejo de los animales. “Es la forma en la que se decide dónde están los animales, por cuánto tiempo y por qué”, resume Borrelli. Según su experiencia, casi todos los productores pueden empezar con la infraestructura que ya tienen. Algunos eligen sumar alambrados o realizar inversiones en agua, pero esas obras no son una condición general para comenzar.
La inversión inicial incluye la asesoría técnica o la capacitación del propio productor, además de los monitoreos. Esos gastos quedan a cargo de quien participa: el asesoramiento se paga directamente a los técnicos acreditados. El proyecto, por su parte, cubre los equipos científicos y comerciales, el desarrollo ante el estándar y las auditorías.
“Capturar carbono no es lo mismo que generar un crédito”, advierte Borrelli. Para que esa captura tenga valor de mercado, explica, hace falta desarrollar el programa y atravesar los procesos que permiten convertirla en créditos comercializables. Ese trabajo demandó cuatro años de inversión, según cuenta.
¿Cuánto puede ganar un productor por hectárea? La entrevista no permite establecer una cifra fija. La estimación combina muestreo y modelado: cada cuatro o cinco años se toman muestras georreferenciadas en todos los campos y, durante los períodos intermedios, se utiliza un modelo biogeoquímico para estimar cuánto carbono capturó cada productor.
Esa estimación tampoco se convierte íntegramente en créditos. Se descuentan las variaciones en las emisiones y se aplican reservas por incertidumbre y por riesgos de reversión de la captura. El resultado neto define cuántos créditos pueden emitirse. Por eso, el ingreso depende tanto de ese volumen como del precio de venta.
“El productor participa con el 60% del valor al que se venden los créditos”, señala Borrelli. Si permanece más de diez años en el programa, esa participación pasa al 70%. Ese porcentaje corresponde al reparto del valor de venta: para evaluar el resultado económico, también deben considerarse los costos de asesoramiento y monitoreo que paga el productor.
Borrelli afirma que los primeros créditos se emitieron este año y que el programa ingresó en una etapa en la que espera realizar emisiones anuales. Según su estimación, un productor que se incorpora puede tardar entre un año y un año y medio en cobrar sus primeros créditos, dependiendo del momento de ingreso.
Además del ingreso por carbono, Borrelli describe beneficios productivos asociados al cambio de manejo. En campos que provienen de una ganadería extensiva con pastoreo continuo, sostiene que el aumento del forraje puede permitir una mayor capacidad de carga, es decir, sostener más animales. Ubica ese incremento entre el 30% y el 100% y señala que también observa una mejor capacidad para mantener la carga durante las sequías. En planteos más intensivos, con cultivos anuales y fertilizantes, afirma que pueden alcanzarse producciones similares con una fuerte reducción de costos.
Aunque sostiene que el cambio de manejo puede beneficiar a productores de distintas escalas, reconoce una limitación económica para acceder al proyecto de carbono. “Sí hay una barrera por el costo del muestreo del carbono”, explica. Según su estimación, en campos de menos de 100 hectáreas ese costo puede dejar al productor casi empatado con el ingreso potencial del negocio.
El programa espera reducir los costos del muestreo a medida que acumule más datos. Sin embargo, Borrelli aclara que hoy las muestras a campo siguen siendo necesarias y que el estándar exige mediciones a mayor profundidad. Esa exigencia delimita una diferencia central para los productores más pequeños: los beneficios del cambio de manejo pueden existir, pero el ingreso por créditos debe evaluarse frente al costo de medir y acreditar la captura.

¿Qué entendemos por inversión de impacto y qué la diferencia de otras formas de inversión?
Es aquella que se realiza con la intención explícita de generar un impacto social y/o ambiental positivo y medible, junto con un retorno financiero. Lo que la distingue no es solo "hacer el bien": es la combinación de tres elementos simultáneos —intencionalidad, medición activa del impacto y búsqueda de retorno económico—. Eso la diferencia de la filantropía tradicional (que no busca retorno) y también de las finanzas sostenibles o ASG en general, que incorporan criterios ambientales y sociales para gestionar riesgos, pero sin ese compromiso explícito de generar y medir un impacto positivo.
¿Por qué es importante conocer y generar evidencia sobre cómo evoluciona la inversión de impacto en Argentina?
Porque hoy no existe un registro oficial de inversiones ni de inversores de impacto en el país. Sin datos sistemáticos, es difícil saber si el mercado crece o se achica, hacia dónde va el capital, o qué barreras enfrenta realmente. Generar evidencia y ponerla a disposición es lo que permite a los actores del ecosistema tomar decisiones informadas y brinda una base sólida a los actores que tienen la capacidad de generar regulaciones, marcos e incentivos a este mercado.
¿Qué hace falta para que la inversión de impacto siga creciendo en Argentina? (desafíos y oportunidades)
El desafío está en construir las condiciones para que ese capital encuentre oportunidades reales. Concretamente: un marco regulatorio e incentivos claros (la barrera más citada por el mapeo), lograr que las empresas e inversores integren el impacto al core del negocio y no como algo periférico, y profesionalizar la medición de impacto sin que se vuelva una barrera para las organizaciones más chicas. La oportunidad está en la variedad de actores que componen hoy el ecosistema y la reciente diversificación de instrumentos financieros disponibles.
El 22 de octubre Alimentaris realiza el lanzamiento del mapeo de inversión de impacto 2025. Inscribite acá.
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Mujeres mayas llevan el sol a casa e impulsan la acción climática en México
En comunidades rurales de la Península de Yucatán, en México, donde el acceso a la electricidad es limitado o inexistente, mujeres mayas aprendieron a instalar y mantener sistemas solares. Lee la nota de Climate Tracker América Latina acá.
Hasta aquí llegamos hoy. Los leo en [email protected]
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Flor.