Argentina genera más de 16,5 millones de toneladas de residuos sólidos urbanos por año. Solo la Ciudad de Buenos Aires aporta más de 1,15 millones de toneladas anuales, de las cuales cerca del 13% corresponde a residuos plásticos. A nivel nacional, se generan aproximadamente 927.000 toneladas de envases plásticos por año y apenas el 9% se recicla. En esos datos, Martín Parra, Facundo Roque, Maximiliano Fuchs y Maximiliano Rodríguez vieron una oportunidad de negocio. En 2020, fundaron Reaquila, la primera billetera digital y plataforma de reciclaje de Argentina, que busca transformar la forma en que las empresas gestionan materiales reciclables, trazan operaciones y trabajan junto a recicladores urbanos.
Reaquila nació en Bahía Blanca, durante la pandemia. Sobre los fundadores, tres son ingenieros civiles y uno, ingeniero en sistemas. La primera idea era dar puntos a las personas por separar sus residuos: se pegaba un código QR a la bolsa de reciclables y se llevaba a un punto de acopio, instalado en el terreno de uno de los fundadores. El día del lanzamiento llegaron unas diez mil personas. «Se armó una montaña gigante de residuos. Ahí nos dimos cuenta que había un mercado, que las personas realmente necesitaban una solución y tenían la intención de separar», recuerda Martín, Parra CEO y fundador de Reaquila. Ese fue el punto de partida para convertir la idea en una empresa: armar un modelo de negocios y conocer en profundidad la cadena de valor del residuo.
La plataforma consta de dos partes. Por un lado, funciona como un “Uber del reciclaje” que conecta en tiempo real a quienes generan residuos, desde una persona hasta una empresa, con recicladores. Por otro lado, opera como un marketplace B2B: «conecta a los centros que tienen los residuos con las empresas que lo necesitan» para convertirlos en nueva materia prima. Los pagos se realizan de manera electrónica, eliminando gran parte de la informalidad del sistema. Hoy, según Parra, la compañía mueve más de diez mil toneladas de residuos por año a través de ese circuito.
“La gestión de residuos dejó de ser un tema operativo para las empresas y para los Estados: hoy es un eje regulatorio, financiero y reputacional. Con Reaquila, un gran generador pasa de tener un pasivo operativo a contar con un activo trazable que cumple la normativa, fortalece su agenda ESG y genera ingresos para los recicladores”, señala Parra, y agrega: “Y, al mismo tiempo, podemos trabajar codo a codo con los gobiernos provinciales para que esas regulaciones se puedan implementar realmente, con datos y no con declaraciones”.
Los grandes generadores concentran una porción clave de materiales valorizables como cartón, film plástico, vidrio, papel y residuos no especiales de procesos productivos. Una sucursal de supermercado mediana puede generar entre 5 y 15 toneladas mensuales de cartón, mientras que grandes cadenas gastronómicas y de retail superan habitualmente los 1.000 kilos diarios de envases mixtos por local. Frente a este escenario, Reaquila busca resolver varios problemas al mismo tiempo: ayudar a las empresas a cumplir con las nuevas regulaciones, reducir costos de disposición final y generar métricas verificables para reportes ESG y de sustentabilidad.
El impacto ambiental también puede medirse en términos concretos. De acuerdo con factores de cálculo de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA WARM), reciclar una tonelada de cartón evita aproximadamente 3,3 toneladas de CO₂ equivalente y preserva alrededor de 17 árboles. En el caso del plástico, reciclar una tonelada evita entre 1,5 y 2 toneladas de CO₂ equivalente.
Además del eje ambiental, la plataforma incorpora un componente de inclusión financiera y formalización laboral para recicladores urbanos y cooperativas. Actualmente, Reaquila integra a más de 150 cooperativas y miles de recicladores urbanos dentro de un circuito digital que permite pagos inmediatos mediante billetera virtual, acceso a cuentas bancarias y trazabilidad sobre el material recuperado. Según validaciones internas de la compañía, los recicladores que operan dentro del circuito digitalizado registran mejoras de ingresos de entre 25% y 40% respecto de los esquemas informales tradicionales.
“La economía circular necesita infraestructura digital para escalar. Lo que buscamos es transformar un sistema históricamente informal en una red trazable, eficiente y económicamente sostenible tanto para las empresas como para los recicladores”, afirma Parra. La diferencia entre trabajar con y sin la plataforma, según Parra, se nota en el día a día. Un recolector «análogo» se levanta, recorre siempre la misma ruta, abre los cestos de basura de la calle, vende el material donde puede y cobra lo que le quieran pagar, en efectivo. Un recolector «digital» está conectado en tiempo real con el lugar donde está el residuo: «deja de trabajar a ciegas, deja de buscar residuo en la calle y de abrir contenedores, y consigue mejor cantidad y mejor calidad de material porque sabe dónde está. Mejor calidad, paga más. Y además cobra ese dinero en una billetera digital, que tiene acceso a crédito, y con acceso a crédito puede mejorar su vida».
Hoy la empresa factura cerca de dos millones de dólares anuales (ARR) y se prepara para cerrar una ronda de capital de carácter más institucional, con el objetivo de escalar en América Latina. Detrás de esa expansión hay una estructura híbrida compuesta por un equipo de siete personas y veinte agentes de inteligencia artificial que permiten acelerar tareas de onboarding, integración operativa, reporting y monitoreo de operaciones en distintos mercados.
