Frente a un escenario global atravesado por la hostilidad, la guerra, la competencia desmedida y el individualismo, Enrique Leff, referente internacional en materia ambiental, planteó un profundo interrogante: “¿Cuál es el último bastión de defensa de la vida en estos momentos?”
Leff se posiciona como una de las voces más relevantes para pensar los efectos del cambio climático, la capitalización de la naturaleza y los modos de crecimiento de las sociedades. Sus reflexiones invitan a detenerse y repensar las lógicas de consumo y los vínculos humanos con el entorno.
Investigador emérito del Instituto de Investigaciones Sociales y profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, Leff dictó recientemente la conferencia magistral “Racionalidad ambiental y transición civilizatoria en América Latina”, durante un evento internacional organizado por el Club de Roma en Buenos Aires. En ese marco, planteó un enigma central: “¿Cómo es que la vida, que emerge de la potencia cósmica y genera nuevas vidas, se haya convertido en la mayor fuerza destructiva?”
Sobre este punto, afirmó: “Este enigma lleva más de medio siglo intentando ser descifrado y va más allá de la simple deconstrucción histórica del esquema de racionalidad que domina al mundo, un modelo que ha cooptado las conciencias y los modos de comprensión de la humanidad”.
El referente subrayó que desde hace más de 50 años existe una conciencia creciente sobre el rumbo que tomó la humanidad en el proceso histórico. “La crisis socioambiental y la crisis climática sí conducen a un colapso tecnológico, pero no son de carácter propiamente cósmico-ecológico. Lo que hoy estamos experimentando es la tendencia histórica hacia lo que vengo denominando hace mucho tiempo la muerte entrópica del planeta”, sostuvo.
Frente a este escenario, Leff explicó que la humanidad surgió de lo que Heráclito denominó physis: la potencia emergente de todo lo que existe en el universo y, particularmente, de aquello que toma forma en este planeta a través de la vida.
A partir de allí, se preguntó: “¿Qué tipo de respuesta viene dando la humanidad a lo largo de la historia?” Su reflexión fue contundente: “La humanidad viene respondiendo dentro de un esquema de racionalidad que tiene atrapado al pensamiento y a la acción humana. Me refiero a la racionalidad teórica, científica, económica e instrumental. Este esquema complejo se ha instaurado no solamente en nuestras mentes, sino también en nuestros impulsos, colonizando incluso el inconsciente humano”.
Para hacer frente a este panorama, invitó a pensar nuevamente: “¿Por dónde se abren los caminos?, ¿cuál es el último bastión de defensa de la vida en estos momentos?”
Su respuesta apuntó a la necesidad de volver a conectar con los pueblos de la tierra. En ellos encuentra posibles salidas colectivas para repensar los vínculos humanos, la relación con la naturaleza y la construcción de una economía fundada en la potencia de la vida.
“Los pueblos de la tierra tienen otra disposición a vivir en armonía, respetando los enigmas de la vida. Si queremos transitar otro camino, no alcanza solo con construir alianzas entre nosotros: es necesario aliarnos a las luchas en defensa de los territorios de vida y de los derechos existenciales, culturales y territoriales de los pueblos de la tierra”, afirmó.
Los tres ejes principales de lo que Leff denomina racionalidad ambiental son, en primer lugar, una ontología de la vida, que implica comprender que la vida en el planeta deriva de un proceso de generación diversificante y complejizante; en segundo lugar, una política de la diferencia, basada en aprender a convivir en la diversidad; y, finalmente, una ética de la otredad, orientada a revalorizar la presencia y el valor de los otros.
A lo largo de su exposición, Leff profundizó en sus experiencias de vinculación con los pueblos de la tierra, a los que definió como comunidades que han resistido la conquista y la colonización, y que sostienen otros modos de comprender la vida y el mundo. Para el especialista, la sustentabilidad futura solo será posible si la humanidad logra armonizar esos modos de comprensión y avanzar hacia una agenda común basada en el diálogo de saberes.
