¡Hola! Esta edición la escribo desde Melbourne, Australia, mientras transcurre el segundo día de la conferencia de Women Deliver. Bajo el lema, el cambio nos convoca el evento reúne a 5990 personas de 185 países. Activistas, líderes, jóvenes, emprendedores buscan reorganizar el equilibrio de poder y una rendición de cuentas sobre la agenda de igualdad de género. De todas las cosas que vi hasta ahora, lo que más me llamó la atención es un reporte que habla del vínculo entre cambio climático y matrimonio infantil. Veamos de qué se trata.
Investigación muestra que desastres climáticos elevan el riesgo de matrimonio infantil

De acuerdo con el testimonio de una adolescente nepalí, después de un desastre ambiental, las familias hablan más sobre el matrimonio infantil. Una consecuencia cuando ocurren estos eventos climáticos es la pérdida de ingresos, tierra o cosas. Los padres sienten la presión financiera y en algunas ocasiones deciden casar a sus hijas para reducir el impacto económico que se ocasiona.
Esa experiencia individual forma parte de un patrón más amplio que revela una investigación reciente impulsada por Plan International Australia junto al Institute for Sustainable Futures de la University of Technology Sydney. El informe, basado en trabajo de campo en Bangladesh, Nepal y las Islas Salomón, advierte que el cambio climático no solo intensifica las desigualdades existentes, sino que también incrementa el riesgo de matrimonios infantiles, tempranos y forzados.
El estudio, que recogió testimonios de casi 400 personas muestra cómo los impactos climáticos, tanto repentinos como inundaciones o tormentas, como los procesos más lentos como sequías, afectan directamente las trayectorias de vida de las niñas. La pérdida de medios de vida y el aumento de los costos del hogar obligan a muchas familias a tomar decisiones que priorizan la supervivencia económica inmediata por sobre la educación o el bienestar de sus hijas.
Uno de los hallazgos centrales es que los riesgos no se limitan al momento del desastre, sino que se extienden a lo largo de todo el proceso de crisis y recuperación. En las primeras etapas, por ejemplo, la falta de condiciones seguras en refugios de emergencia expone a las niñas a situaciones de violencia o estigmatización, lo que en algunos casos acelera decisiones familiares de matrimonio como forma de “protección”. Más adelante, durante la recuperación, la reducción de ingresos y el aumento de gastos llevan a que la educación de las niñas sea una de las primeras áreas en sacrificarse.
La salida del sistema educativo aparece, de hecho, como uno de los factores más determinantes. Cuando las escuelas cierran o se vuelven inaccesibles, ya sea por daños en infraestructura o por costos adicionales, las probabilidades de que las niñas regresen disminuyen con el tiempo. En ese contexto, el matrimonio se presenta, tanto para las familias como para las propias adolescentes, como una de las pocas alternativas disponibles.
El informe también subraya que estas dinámicas no pueden entenderse sin considerar las normas de género preexistentes. En comunidades donde la educación de las niñas es menos valorada que la de los varones, los impactos climáticos profundizan esa desigualdad. A la par, prácticas como la dote interactúan con la crisis económica, influyendo en la decisión de adelantar matrimonios.
Sin embargo, la investigación identifica también factores de protección. Entre ellos, el rol de docentes como mediadores clave para desalentar el matrimonio infantil, así como la posibilidad de involucrar a líderes comunitarios y religiosos en la promoción de cambios culturales. El fortalecimiento de la agencia de las propias niñas, el acceso a educación y oportunidades económicas, y la implementación efectiva de leyes que establecen la edad mínima para el matrimonio aparecen como medidas centrales.
Tres preguntas a Maliha Khan, CEO de Women Deliver

¿Por qué la crisis climática es considerada un problema de género?
Llevamos mucho tiempo analizando y debatiendo la crisis climática. Una de las cosas que recién ahora empieza a instalarse en esas discusiones es que el clima no es un tema neutral en términos de género. Hay algunos puntos al respecto. Primero, los distintos shocks y tensiones que trae la crisis climática son enfrentados y vividos de manera muy diferente según las personas. Un hombre de 40 años con educación, con muchas opciones de vida, gran capital social y posibilidades de diversificar sus ingresos, enfrenta una inundación, una sequía o el estrés por calor de manera muy distinta a como lo hace, por ejemplo, una niña de 12 o 14 años, que no solo tiene menos opciones y menor resiliencia, sino que además muchas de las estrategias de afrontamiento negativas que utilizan las comunidades y los hogares la afectan directamente. Cuando llega una inundación, ¿cómo responde un hogar? Una de las cosas que hacen es retirar a las niñas de la escuela, año tras año de educación perdido cada vez que enfrentan un shock o una tensión. Ella también debe asumir más responsabilidades de cuidado y cargas adicionales. Y cuando estas crisis se vuelven extremas, muchos hogares recurren al matrimonio temprano u otras estrategias similares para afrontarlas. Esto significa que las niñas cargan de manera desproporcionada con el peso de la crisis climática, siendo al mismo tiempo quienes menos han contribuido a ella. Es un tema profundamente marcado por el género. Otro aspecto es que hay muy pocas mujeres en posiciones de liderazgo para abordar la crisis climática, y es imperativo que haya más mujeres liderando esas discusiones. Tenemos que pensar en las estrategias de afrontamiento negativas que afectan con mayor dureza a niñas y mujeres, y también asegurarnos de que, al desarrollar soluciones, pensemos en quiénes están siendo afectadas y las incluyamos en ese proceso.
¿Cuál es el estado actual de la ayuda internacional en el contexto global?
Algo que debemos reconocer es que los últimos dos años han sido absolutamente devastadores en materia de ayuda internacional. Se ha prestado mucha atención a lo que hizo Estados Unidos con el desmantelamiento de USAID, pero incluso antes de eso, muchos gobiernos ya estaban reduciendo sus compromisos de Ayuda Oficial al Desarrollo. Los más destacados son el Reino Unido, los países nórdicos y Europa, todos los cuales han tenido reducciones bastante drásticas, incluyendo en los rubros a los que venían destinando esa ayuda. Hay que reconocer que en este momento no se trata de los altibajos habituales, sino de un cambio absoluto y una transformación en el mundo y en el sector que dependía de ella.
¿En qué consiste la Declaración de Melbourne y cuáles son sus ejes principales?
Estamos muy orgullosos del proceso que nos llevó hasta este punto, en el que estamos a tan solo días de poder anunciar la Declaración de Melbourne. Logramos realizar más de 35 consultas en todos los continentes del mundo, con más de 650 personas participando formalmente, aportando su tiempo, su pasión y su experiencia. Y entre las cosas que emergieron al analizar los datos, hay algunas a las que nos vamos a mantener firmes sin importar cuánta resistencia encontremos: no vamos a ceder en los derechos de cada individuo, sin importar su identidad de género o sexual, y siempre vamos a defender eso. Siempre vamos a estar en solidaridad y siempre vamos a cuidarnos mutuamente. También estamos dispuestos a soltar algunas cosas. Reconocemos que quizás el sector de la igualdad de género no ha estado tan unido, en tanta solidaridad ni avanzando tanto como podría haberlo hecho, y esto es algo en lo que queremos enfocarnos de aquí en adelante. Y el último elemento que está emergiendo, y que me apasiona enormemente y es maravilloso ver tomar forma, es un movimiento que deja de centrar a las instituciones internacionales y el espacio global, para centrarse en la relación entre el Estado y las personas que viven en él, los servicios que el Estado les brinda y los derechos que cada individuo posee de manera inalienable e indivisible, simplemente por ser persona, por ninguna otra razón que esa. Estos son tratados internacionales que los Estados han firmado y ante los cuales tienen una responsabilidad frente a su población. Necesitamos empezar a enfocarnos en eso. Las personas tienen derecho a la salud, a la seguridad, a la prosperidad económica y al bienestar, entre muchas otras cosas. Hacia allá se dirige la declaración, y va a ser un movimiento muy poderoso para el sector, que con suerte en los próximos años podría conducir a transformaciones reales.
Apoyá a Otra Economía
Si el contenido de Otra Economía te inspira y te motiva, para nosotros es muy importante que lo compartas con personas que también puedan estar interesadas para que se sumen a esta comunidad. La difusión en redes nos resulta muy valiosa.
Por último, tu aporte económico nos permite sostener el espacio e invitar a más autores a traer sus perspectivas.
Gracias por ser parte de Otra Economía y por tomarte este tiempo para ayudarnos a crear más impacto positivo.
Sobras de Obras: una plataforma para reutilizar materiales de construcción y reducir el descarte
Se trata de un proyecto que invita a profesionales de la remodelación y la construcción a darle una nueva vida a los materiales de obra que terminarían como descarte. Lee la nota de Melisa Gabbanelli acá.
Basurales de América Latina entre los mayores “superemisores” de metano del mundo
Un nuevo informe del proyecto STOP Methane de la Universidad de California en Los Ángeles identifica los 25 sitios con mayores emisiones de metano y ubica en el primer lugar a un relleno sanitario en las afueras de Buenos Aires. Se trata de un gas con un poder de calentamiento muy superior al dióxido de carbono en el corto plazo, lo que vuelve especialmente crítica su liberación desde el sector de residuos.
El ranking revela un patrón regional. América Latina concentra varios de los principales superemisores, con Brasil y Chile sumando tres sitios cada uno dentro del top 25, mientras que Argentina no solo figura sino que encabeza la lista. México también aparece entre los casos más relevantes. Detrás de estos datos hay sistemas de gestión de residuos con limitaciones estructurales, baja captura de gases y una fuerte dependencia de rellenos sanitarios.
Más allá del impacto climático, el problema tiene una dimensión local directa. Muchos de estos basurales están ubicados cerca de áreas urbanas densamente pobladas, lo que implica riesgos para la salud pública, desde la contaminación del aire hasta incendios o explosiones. “Estamos hablando de niveles seriamente peligrosos de metano provenientes del sector de residuos en una amplia variedad de países. Muchos de estos sitios están cerca de ciudades y representan riesgos reales para la salud pública”, advirtió Cara Horowitz, directora ejecutiva del Emmet Institute de UCLA.
El informe se basa en observaciones de satélites de Carbon Mapper, que detectaron cerca de 3.000 plumas de metano en más de 700 sitios a nivel global. Esta tecnología permite monitorear emisiones en tiempo casi real y con alta precisión, generando nuevas herramientas de control y presión pública. “La disponibilidad de datos confiables y accesibles puede ser una herramienta poderosa para impulsar cambios”, señaló Juan Pablo Escudero, investigador de la Universidad Adolfo Ibáñez. En la antesala de la COP31, donde el metano será un eje central, la región enfrenta el desafío y la oportunidad de reducir rápidamente estas emisiones con beneficios climáticos inmediatos.
Hasta aquí llegamos hoy. Los leo en [email protected]
Hasta el martes,
Flor.