Entre las alertas y la acción: desafíos y caminos para un desarrollo inclusivo y sostenible
El doctor Bernardo Kliksberg analiza tensiones actuales del desarrollo global y recupera experiencias, propuestas y actores que muestran alternativas posibles frente a un escenario de creciente complejidad.
Bernardo Kliksberg |
abril 17, 2026

En el marco de los 20 años del Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresarial y Capital Social (CENARSECS), resulta oportuno reflexionar sobre los grandes desafíos que enfrenta el desarrollo en el mundo actual. Dos décadas de trabajo sostenido en la promoción de la responsabilidad social, el capital social y la ética en la gestión, nos permiten hoy contar con una perspectiva acumulada que enriquece la mirada sobre un escenario global atravesado por profundas tensiones.

Hay muchas alertas sonando en el planeta. Provienen de fuentes muy diversas, pero convergen en señalar que los problemas centrales del desarrollo se están agravando. Al mismo tiempo, surgen propuestas, experiencias innovadoras y actores comprometidos que muestran que es posible avanzar. Examinar ambos planos —las advertencias y las respuestas— es hoy imprescindible.

Alertas globales que no pueden ignorarse.

La prestigiosa revista The Lancet, referencia obligada en el campo de la salud, publicó recientemente su esperado informe sobre “Sistemas Alimentarios Saludables, Sostenibles y Justos”, elaborado por 70 especialistas de seis continentes. Sus conclusiones son contundentes.

Los actuales sistemas alimentarios están profundizando las desigualdades socioeconómicas a nivel global, al tiempo que acentúan la crisis climática y la pérdida de biodiversidad. Los patrones de producción y consumo de alimentos son responsables del 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Menos del 1% de la población mundial vive en contextos donde se respetan plenamente los derechos alimentarios, mientras más de 1000 millones de personas están subalimentadas.

Las cifras son aún más elocuentes. Un 33% de quienes trabajan en el sistema alimentario no recibe un salario digno, y el 30% más rico de la población genera más del 70% de los daños ambientales vinculados a la alimentación. Frente a ello, el informe propone transformaciones profundas: promover dietas saludables, reducir el desperdicio, mejorar las prácticas agroecológicas y proteger a los sectores más vulnerables. Concluye con una afirmación central: transformar lo que comemos y cómo producimos los alimentos es esencial para un futuro sostenible.

Las alertas no se limitan a este campo. En el reciente encuentro de Davos, el Banco Europeo de Desarrollo advirtió sobre una desigualdad cada vez más profunda, los riesgos de burbujas en torno a la inteligencia artificial y el crecimiento sostenido de la deuda global, que ya equivale al 100% del producto bruto mundial.

Por su parte, la Universidad de Estocolmo ha identificado lo que denomina “callejones sin salida para la humanidad”. Entre ellos destacan el cortoplacismo —la búsqueda de soluciones inmediatas sin atender sus efectos estructurales—, el consumo excesivo, la destrucción de la biodiversidad y la falta de cohesión social. A ello se suma una expansión vertiginosa de internet sin regulaciones adecuadas, que plantea nuevos desafíos.

Desigualdades persistentes y potenciales desaprovechados.

Uno de los campos donde las brechas son más evidentes es el del género. La experiencia del Grameen Bank ha demostrado el enorme potencial del emprendedurismo femenino cuando se le brindan oportunidades. Sin embargo, la realidad dista de ese ideal.

Se estima que 740 millones de mujeres con capacidad para emprender no tienen acceso a servicios bancarios. A igual perfil crediticio, enfrentan sesgos en la concesión de crédito. Sin embargo, presentan tasas de morosidad mínimas y han demostrado una alta responsabilidad en el repago. Cuando acceden al financiamiento, los beneficios son múltiples: mejora su situación, se fortalece la familia y se dinamiza la comunidad.

El mundo del trabajo en tensión.

Los principales organismos internacionales coinciden en que el crecimiento reciente ha sido insuficiente para mejorar las condiciones de vida en los países en desarrollo. El informe central de la Organización Internacional del Trabajo, “Tendencias Sociales y del Empleo 2026”, aporta datos reveladores.

Su Director General, Gilbert F. Houngbo, advierte que detrás de cifras agregadas aparentemente estables se esconde una realidad crítica: cientos de millones de trabajadores permanecen atrapados en la pobreza, la informalidad y la exclusión.

300 millones de trabajadores ganan menos de 3 dólares diarios. Más del 50% de la fuerza laboral mundial —2100 millones de personas— estará en la economía informal en 2026. Los jóvenes enfrentan tasas de desempleo que casi triplican el promedio, y 246 millones están completamente excluidos del trabajo y la educación.

Las desigualdades de género persisten con fuerza: las mujeres representan solo dos quintas partes de la fuerza laboral y tienen 24% menos de probabilidades de participar en ella.

El informe es claro en sus recomendaciones: invertir en educación y competencias, reducir brechas de género y juventud, y utilizar la tecnología de manera responsable. El horizonte es uno solo: avanzar hacia el trabajo decente.

Señales de acción y compromiso

Junto a las alertas, emergen iniciativas que marcan rumbos posibles. En el campo empresarial, figuras como Bill Gates muestran el potencial de una acción comprometida con el bien común. Ha advertido recientemente sobre el retroceso en la reducción de la mortalidad infantil —que alcanzó 4,8 millones de muertes en menores de cinco años— y ha señalado que la inteligencia artificial podría contribuir a revertir esta tendencia.

En una decisión de gran magnitud, anunció que destinará 200.000 millones de dólares de su patrimonio a la salud pública en las próximas décadas, reafirmando una concepción de la empresa y la riqueza vinculada a la responsabilidad social.

En la misma línea, MacKenzie Scott ha desarrollado una de las experiencias más relevantes de filantropía contemporánea. Tras donar miles de millones de dólares en los últimos años, en 2025 distribuyó 7,2 billones entre 225 organizaciones seleccionadas por su impacto social.

También en el plano ambiental se registran avances significativos. Tras cuatro décadas de negociaciones, entró en vigor el Tratado de Alta Mar, ratificado por 82 países, que permitirá proteger áreas que representan el 50% de la superficie del planeta mediante la creación de reservas naturales.

América Latina: desafíos y oportunidades.

Estos problemas tienen una especial relevancia para América Latina. Sin embargo, la región cuenta con activos estratégicos de gran valor. En el reciente Foro Económico y Social de Panamá se destacó que posee “una moneda privilegiada”: la mayor biodiversidad del planeta.

Cuidarla, promover sistemas alimentarios sostenibles, fortalecer el emprendedurismo —en especial el femenino—, impulsar empresas responsables y aprovechar las tecnologías de manera inclusiva son caminos viables.

Una agenda impostergable. 

Las evidencias son claras. Trabajo decente, equidad de género, responsabilidad empresarial, filantropía estratégica y cooperación internacional para la protección ambiental no son opciones accesorias. Son componentes centrales de cualquier estrategia de desarrollo.

La historia muestra que los momentos de mayor dificultad también pueden ser momentos de transformación. Hoy contamos con diagnósticos sólidos y con experiencias que demuestran que es posible avanzar.

La cuestión es si sabremos articularlas y actuar con la urgencia que el tiempo exige.

 

* Bernardo Kliksberg es presidente del CENARSECS (FCE-UBA). El doctor en Economía argentina es considerado el pionero de la disciplina la gerencia social.