Un filtro pensado para lo invisible: desarrollan en Argentina un dispositivo doméstico contra microplásticos
Un equipo del CONICET diseña un sistema que combina luz UVC y materiales de residuos industriales para remover micro y nanoplásticos del agua, un desafío aún pendiente en los filtros actuales.
Florencia Tuchin |
abril 2, 2026

En los últimos años, los micro y nanoplásticos dejaron de ser un problema lejano para instalarse en algo cotidiano: el agua que consumimos. Frente a este escenario, un equipo del CONICET en Mar del Plata avanza en el desarrollo de un dispositivo de uso doméstico que busca dar una respuesta concreta a una preocupación creciente.

El proyecto se lleva adelante en el Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales, INTEMA, y es dirigido por la investigadora Carla di Luca, quien fue reconocida con la Distinción Franco Argentina en Innovación 2025 en la categoría Senior.

La propuesta combina dos etapas de tratamiento. Primero, una instancia de activación mediante fotólisis UVC, un tipo de luz de alta energía que modifica la superficie de los micro y nanoplásticos. Lejos de destruirlos, este proceso los vuelve más pegajosos y facilita su captura posterior. Luego, una segunda etapa de adsorción utiliza materiales porosos de bajo costo, desarrollados a partir de residuos industriales locales, que retienen esas partículas de forma eficiente.

El desarrollo apunta a complementar los sistemas de filtrado domésticos actuales, que no fueron diseñados específicamente para este tipo de contaminantes. Según explica di Luca, los filtros tradicionales basados en carbón activado pueden retener parte de los microplásticos, pero su eficacia depende del tamaño de poro y resulta limitada frente a partículas más pequeñas.

Ahí aparece el principal desafío: los nanoplásticos. Con tamaños inferiores a un micrómetro, pueden atravesar los filtros convencionales, lo que los convierte en un problema aún en etapa de investigación a nivel global.

Existen tecnologías más avanzadas, como la ultrafiltración o la ósmosis inversa, que logran remover estos contaminantes con mayor eficacia. Sin embargo, presentan barreras importantes para su uso extendido, como altos costos, consumo energético elevado y, en algunos casos, la eliminación de minerales esenciales del agua.

En este contexto, el dispositivo que desarrolla el equipo del INTEMA busca equilibrar eficiencia, accesibilidad y sustentabilidad. “Frente a las tecnologías existentes, nuestro sistema ofrece una mayor eficiencia en la remoción de nanoplásticos, menor consumo energético que la oxidación total y costos reducidos al utilizar residuos valorizados”, señala di Luca.

Actualmente, la iniciativa se encuentra en fase de laboratorio, donde se evalúan las condiciones de remoción en escenarios similares al agua de red. Los próximos pasos incluyen el diseño de un prototipo funcional que permita testear el sistema en condiciones más cercanas al uso cotidiano.

Si los resultados se mantienen, el objetivo es avanzar en su escalado y explorar su transferencia al sector productivo. La expectativa, según el equipo, es que esta línea de trabajo pueda convertirse en una solución concreta y accesible para enfrentar un problema tan invisible como persistente.