Isabel Aldao comenzó a practicar yoga hace más de 30 años, luego de atravesar una situación familiar que la hizo repensar su vida. Ese recorrido personal la llevó, con el tiempo, a crear Moksha, una organización que hoy no solo brinda clases de yoga en el sistema penitenciario, sino que también impulsa el primer profesorado de yoga en cárceles, una experiencia inédita en el mundo que permite a personas privadas de su libertad formarse como docentes.
El nombre de la iniciativa proviene del concepto “liberación del ser”. Las clases comenzaron hace más de 10 años. Hoy funciona en 22 pabellones y cuenta con más de 500 alumnos.
Durante su etapa de formación en el 2015, Aldao debía concurrir a diferentes lugares para dar prácticas y ganar experiencia. Durante esa búsqueda, llegó al pabellón 8 de la Unidad 48 del Servicio Penitenciario Bonaerense, ubicado en San Martín, donde también entrena el equipo de rugby Los Espartanos. Allí, la recibieron brindándole un marco de contención, respeto y dedicación, lo cual fue sumamente motivador para iniciar las clases de yoga con las personas que estaban privadas de su libertad, quienes rápidamente aceptaron la invitación a practicar. Sobre ese recuerdo, ella profundiza: “No me voy a olvidar nunca la primera vez que entré al penal. Me llamó la atención el ruido metálico de las puertas. Ahí nos recibió ‘El Negro’, Víctor, con todos los chicos de Espartanos para escuchar nuestra propuesta de yoga”.
Sobre la práctica dentro del penal, ella dice: “Lo que podemos ofrecer dentro de un penal es una práctica que, de alguna forma, libere al alma. Desde el comienzo, las prácticas estuvieron orientadas a la modalidad del karma yoga, un estilo enfocado en dar servicio voluntariamente”. Las prácticas producen bienestar físico, espiritual y emocional y generan crecimiento personal al realizarlas regularmente.
Tras la primera experiencia, se conformó un equipo de cinco docentes. Luego, internos de otros pabellones escucharon sobre la actividad y pidieron participar. Las clases extendieron a los pabellones 6, 7, 10 y 12. En una primera instancia, fueron 50 los alumnos que se sumaron a las prácticas. Actualmente, el número supera los 500 alumnos y se sumaron nuevos docentes para cubrir la demanda, ofreciendo clases con diferentes estilos.
En 2020 cuando empezó la pandemia, el equipo de Moksha rápidamente adaptó sus clases a la modalidad virtual. La modalidad permitió que más internos de las unidades 46 y 47 del penal de San Martín pudieran sumarse a practicar. Cada unidad tiene cerca de 12 pabellones integrados por hombres y mujeres. Actualmente, el proyecto tiene presencia en todo el servicio penitenciario de San Martín. Las clases virtuales son posibles a través de la conectividad vía telefonía celular y a través de algunos televisores que se ubican en los pabellones.
En 2023, Aldao recibió un llamado de una persona que había participado de las clases de yoga en el penal de San Martín. En ese momento, él se encontraba en el penal de Magdalena y la ausencia de la disciplina lo afectaba. Ese pedido permitió que la propuesta a desarrollarse allí también.
Moksha creó en 2022 el primer profesorado de yoga en cárceles en el mundo. La propuesta ofrece la posibilidad de que las personas privadas de su libertad puedan estudiar para convertirse en docentes. De esta forma, al finalizar los estudios, los practicantes pueden guiar a sus compañeros y se preparan para tener nuevas oportunidades laborales al salir de la cárcel. La formación dura un año y ya cursaron cuatro camadas de alumnos. El objetivo para este año es ofrecerlo a dos grupos: uno de ellos específicamente orientado a mujeres.

Al momento, se recibieron 80 personas. Muchos de ellos hoy dan clases dentro del penal y, en algunos casos, replican la experiencia en otras unidades mientras continúan privados de la libertad. Uno de ellos llegó a llevar la práctica a su barrio durante un período en libertad.
Sobre los proyectos para este año, Aldao amplía: “En este momento, nos estamos convirtiendo en una asociación civil que nos permita tener una estructura interna más sólida. En abril, vamos a comenzar a brindar un taller formativo para todas aquellas personas que quieran replicar el proyecto de Moksha en cualquier espacio de vulnerabilidad. Vamos a brindar las herramientas que después de 10 años de trabajo, vemos que funcionan muy bien”. También, se espera que el proyecto se expanda en Salta, Jujuy, San Luis y San Juan. Se busca poder monetizar los conocimientos del cuerpo docente, en especial de aquellos profesores y profesoras que egresaron del profesorado Moksha. Actualmente necesitan padrinos, madrinas y recursos para poder seguir sosteniendo el proyecto.
Aldao reflexiona: “Yo aprendí a no tener más prejuicios. Todos y todas tenemos luces y sombras. A mí me dieron una cajita de herramientas y siento que la tengo que transmitir a otras personas”.
