En un escenario marcado por la retracción del crédito hipotecario y la dificultad de amplios sectores para acceder a la vivienda, el debate sobre cómo desarrollar ciudades y comunidades sostenibles vuelve a cobrar centralidad. La falta de financiamiento no solo redefine las condiciones del mercado inmobiliario, sino que también obliga a repensar el rol de los desarrolladores, el vínculo con los territorios y las formas de generar valor a largo plazo.
En ese contexto, el último Informe de Sustentabilidad 2022–2024 de EIDICO propone una mirada que articula acceso a la vivienda, gestión económica responsable e impacto social y ambiental. Con un modelo de desarrollo al costo y financiamiento colectivo, la compañía plantea que la sustentabilidad no es un atributo accesorio, sino una condición necesaria para que los proyectos sean viables, escalables y sostenibles en el tiempo, especialmente cuando el crédito tradicional deja de ser una opción.
En esta entrevista, Diego Lanusse, Socio Director de Sustentabilidad de EIDICO, reflexiona sobre los principales aprendizajes del período reportado, los avances en la integración de la sustentabilidad a la gestión del negocio y los desafíos de construir comunidades que funcionen más allá de la obra, en diálogo con los municipios, las comunidades vecinas y las necesidades reales del territorio.
En un contexto donde el acceso al crédito es cada vez más limitado, ¿cómo redefine EIDICO su rol como desarrollador de comunidades sostenibles y qué aprendizajes surgen de este modelo para el sector inmobiliario?
En un contexto donde el crédito hipotecario es escaso o directamente inaccesible para gran parte de la población, en EIDICO entendemos que nuestro rol va mucho más allá de construir barrios o viviendas. Nuestro modelo histórico de desarrollo al costo y de lógica cooperativa cobra hoy más sentido que nunca, porque permite que miles de familias accedan a una solución habitacional sin depender exclusivamente del sistema financiero tradicional.
Esto nos obliga a asumir un rol muy activo: administrar recursos con transparencia, planificar a largo plazo y generar confianza. Pero también nos lleva a pensar los proyectos desde una mirada más amplia, donde la sustentabilidad no es un “extra”, sino una condición para que las comunidades funcionen y se sostengan en el tiempo.
El principal aprendizaje para el sector es que la falta de crédito no tiene por qué frenar el desarrollo, si se trabaja con modelos colaborativos, previsibilidad, reglas claras y una fuerte conexión con la comunidad local. Desarrollar comunidades sostenibles implica pensar en infraestructura, empleo local, integración social, educación en oficios y cuidado ambiental desde el inicio, y eso termina generando valor real y duradero de toda una comunidad.
Si tuviera que destacar un gran avance del período, diría que fue pasar de la medición a la acción, y lograr que la sustentabilidad se vuelva cada vez más transversal a toda la organización.
Durante estos años no solo consolidamos los cuatro pilares —humano, social, ambiental y económico—, sino que tomamos decisiones estratégicas muy concretas: definimos temas materiales, identificamos riesgos, armamos planes de acción y, sobre todo, involucramos a las distintas áreas de la empresa. La sustentabilidad dejó de ser algo “del área social” para convertirse en una conversación compartida por los equipos técnicos, de obra, legales, comerciales y de gestión.
Un ejemplo claro es el trabajo en gobernanza, integridad y transparencia, con la implementación del Programa de Integridad, pero también el fortalecimiento del eje social con inversión sostenida en desarrollo comunitario, educación en oficios y empleo local, o el avance en criterios ambientales como viviendas ecoeficientes, gestión del agua y residuos y por último en el eje humano renovar nuestra propuesta de valor dirigida a todos nuestros colaboradores.
Nada de esto sería posible sin una decisión estratégica clave: entender que la sustentabilidad no es un costo, sino una inversión que ordena, mejora la gestión y prepara a la empresa para el largo plazo.
Para EIDICO, desarrollar comunidades sostenibles significa pensar cada proyecto como parte de un ecosistema, no como un desarrollo aislado. En la práctica, esto se traduce en varias capas de trabajo.
En el diseño de los proyectos, implica planificar barrios con infraestructura adecuada, espacios comunes, criterios ambientales, integración con el entorno y una mirada de largo plazo sobre cómo se va a vivir ahí dentro de 10, 20 o 30 años.
En la relación con los municipios, significa trabajar en diálogo permanente, compartir información, coordinar inversiones en infraestructura a través del aporte que hace la empresa para dar cumplimiento a la ley de hábitat y cesión de tierras que rigen en la Provincia de Buenos Aires, asumiendo un rol activo como actor del desarrollo local y municipal. Entendemos que los barrios no terminan en el cerco o en la calle de acceso: forman parte de una trama urbana más amplia.
Y en el vínculo con las comunidades vecinas, desarrollar comunidades sostenibles es escuchar a los vecinos, relevar necesidades, generar empleo local, apoyar instituciones y lideres sociales locales, promover la educación en oficios y construir confianza en toda la comunidad. No se trata solo de “llegar con un proyecto”, sino de crecer junto al territorio, articulando con ONGs, parroquias, municipios y vecinos.
En definitiva, para nosotros la sustentabilidad se juega en lo cotidiano: en cómo diseñamos, cómo construimos, cómo gestionamos y cómo nos vinculamos. Es una forma de hacer empresa y, sobre todo, una forma de construir futuro y así sostener nuestro negocio.
