¡Hola! Ya estoy de regreso en Buenos Aires y quería compartirles mi mirada sobre la participación de la sociedad civil en Belém durante la COP30. El evento climático concluye el 21 de noviembre y en la próxima edición podremos hacer un balance completo.
Aprovecho para pedirles que completen la encuesta: me ayuda muchísimo a planificar contenidos y mejoras para el año que viene.
La participación de la sociedad civil marcó el pulso de la COP30 en Belém

El calor de Belém impulsa que las actividades en la esfera pública comiencen temprano. La apertura de la Cumbre de los Pueblos ocurrió el miércoles pasado alrededor de las 8 de la mañana. Unas 200 embarcaciones navegaron por la Bahía de Guajará dejando claros mensajes políticos: la crisis climática ya afecta de manera crítica los territorios y se exige participación real en las decisiones globales. Comunidades indígenas, aún con acreditaciones en la zona azul (donde ocurren las negociaciones), denuncian que siguen encontrando barreras para acceder a los espacios de decisión.
Raoni Metuktire, uno de los grandes caciques del pueblo Kayapó y una de las voces más respetadas de la Amazonía, advirtió que el avance de la soja está agravando la deforestación. “No hace falta abrir más selva para plantar. Hay que aprovechar las tierras que ya se usan. Si siguen así, va a ser como tener petróleo derramado aquí en el corazón de la Amazonía”, señaló. También alertó que el gobierno impulsa obras de infraestructura sin considerar los impactos en las comunidades. “Hace décadas vengo hablando de esto para evitar que vivamos estos problemas”, recordó.
Lucas Tapinambá, del Consejo Indígena Tapajós-Arapiuns, describió la sequía histórica de 2023 y 2024 como un punto de quiebre. “Hubo aldeas que nunca imaginaron quedarse sin agua. La mandioca salía podrida de la tierra, faltó lo básico para sobrevivir”, afirmó. También denunció el avance del agronegocio y la falta de energía eléctrica en muchos territorios, lo que obliga a conservar alimentos con sal y agrava problemas de salud. “Nuestros derechos no se negocian. Queremos ser escuchados por el Estado brasileño y por los 150 países que están aquí”, remarcó.
Desde el Bajo Tapajós, Suzinida Cumaruara expuso los impactos del mercurio en los ríos, que contaminan los peces, base de la alimentación indígena, y ya afectan la salud de mujeres, niños y pescadores. También señaló que, de las diez aldeas que coordina, cinco no tienen agua potable debido a la contaminación y al calor extremo.
Para muchas comunidades, la COP30 representa una oportunidad única de visibilizar la ausencia de políticas públicas. Suzinida explicó que buscan alianzas para fortalecer la vigilancia territorial, la comunicación y la producción agroecológica en tiempos de sequía. “No queremos vivir de canastas básicas. Queremos producir”, sostuvo.
Las comunidades también destacan que sus saberes tradicionales ofrecen respuestas para enfrentar la crisis climática. Grupos de guardianes, mujeres y comunicadores trabajan de manera voluntaria en el monitoreo de la selva y los ríos, aunque con dificultades para acceder a fondos y herramientas. “Nos las arreglamos como podemos, pero seguimos cuidando la selva”, señalaron.
A pesar de las trabas, los pueblos originarios ven esta COP como un momento de esperanza. Desde distintos rincones de la Amazonía, los líderes repiten el mismo mensaje: proteger la naturaleza no es un discurso, es una necesidad urgente para garantizar la vida.
Volvió la Marcha Mundial por el Clima
Después de tres años sin movilizaciones (Azerbaiyán, Dubái y Egipto no lo permitieron), el sábado unas 70.000 personas salieron a las calles de Belém para presionar a los negociadores que participan de la cumbre oficial.
Líderes indígenas, movimientos sociales, organizaciones de la sociedad civil, trabajadores, estudiantes y diversas comunidades indígenas participaron de la Marcha Mundial por el Clima que partió del nuevo Mercado de São Brás, y reforzó la urgencia de adoptar medidas concretas para limitar el calentamiento global y proteger los territorios más vulnerables.
Entre los principales temas planteados se encuentran la defensa de la Amazonía, el fin de los combustibles fósiles, la garantía de los derechos de los pueblos indígenas y una transición justa para los trabajadores afectados por los cambios en el sector energético.
Una propuesta que se destacó en la movilización fue el Funeral de los Combustibles Fósiles, una intervención artística y política que reunió a pueblos originarios de toda América Latina, activistas y más de 100 organizaciones.
La performance, con ataúdes gigantes representando carbón, petróleo y gas; soles y aerogeneradores; más de 80 jaguares performáticos; una serpiente de 30 metros y más de 100 artistas, simbolizó el inicio del fin de la era fósil. El evento fue impulsado por la Alianza Potência Energética, en colaboración con la Cúpula de los Pueblos, la dirección artística del Auto do Círio y la Escuela de Teatro y Danza de la Universidad Federal de Pará.
Esta intervención reforzó el llamado global a detener la exploración petrolera en la Amazonía y a eliminar progresivamente los combustibles fósiles del escenario mundial.
“Con el funeral de los combustibles fósiles queremos decirles a los negociadores de la COP que ya tenemos las soluciones, que contamos con la tecnología y que el 80% de las personas en el Sur Global quiere la transición energética. Esto es una cuestión de voluntad política, y sabemos que esta es la salida a la crisis climática que vivimos hoy”, dice Lina Torres, directora de programas de Movilizatorio y cofundadora de la Alianza Potência Energética.
Y agrega: “Los combustibles fósiles están tan presentes en la vida cotidiana que resulta difícil visualizar cómo sería un mundo sin ellos. Por eso quisimos darles también una despedida simbólica. Sentimos que, como humanidad, necesitamos un momento de transición, un ritual de paso que nos permita imaginar el futuro. El mensaje es que estamos preparados para la transición energética: hay apoyo popular”.

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Acciones del sector privado en Brasil
Las empresas también participan de la COP30 con distintas propuestas. Por ejemplo, Natura está participando para compartir su cartera de soluciones en socioeconomía, fruto de 25 años de trabajo en la Amazonia. El objetivo es presentar estos modelos de negocio como oportunidades para empresas, gobiernos, inversores y startups que buscan ampliar la escala de la bioeconomía amazónica como estrategia global para el clima.
“La misión principal de la empresa en la conferencia es demostrar que es posible desarrollar negocios que generen un impacto positivo para las personas, la sociedad y la naturaleza, al tiempo que producen ganancias financieras”, comenta Ana Costa, Vicepresidente de Sustentabilidad, Asuntos Jurídicos y Reputación Corporativa de Natura.
A través de asociaciones con 45 comunidades de la Amazonia, Natura beneficia a más de 10.000 familias y protege más de 2 millones de hectáreas de bosque. En 2024, el valor compartido ascendió a 48,51 millones de reales brasileños.
Como resultado de una asociación público-privada, Natura estructuró el proyecto de las barreras ecológicas junto con la Alcaldía de Belém y otros socios, como Diego Saldanha, para instalar la barrera ecológica en los canales, responsable de retener los plásticos que llegan a los ríos. Estos residuos, una vez recogidos, se destinan al reciclaje cuando es posible; los que son difíciles de reutilizar se envían a la startup Seixos Plásticos, en Belém, que los transforma en insumos para la construcción civil. Actualmente, las barreras ecológicas ya recogen 400 kilos de residuos por día.
Por otro lado, la empresa brasileña dedicada a la producción de biocombustibles, Be8, y Mercedes-Benz de Brasil presentaron los resultados de la “Ruta Sostenible COP30” en Belém, Pará. Esta iniciativa, en colaboración con el Gobierno de Brasil, cubrió un recorrido superior a 4.000 kilómetros utilizando camiones Euro 6 propulsados exclusivamente por Be8 BeVant, un biocombustible renovable avanzado desarrollado por la empresa.
Los resultados demostraron que el BeVant puede sustituir completamente el diésel fósil sin necesidad de adaptación técnica ni inversión adicional y manteniendo el mismo rendimiento, confiabilidad y potencia.
Según datos preliminares del Instituto Mauá de Tecnología, la operación registró una reducción de hasta el 99 % en las emisiones de GEI, y alrededor del 65 % en el ciclo completo de producción y uso.
Otro punto a destacar es el de Caixa, que lanzó un protocolo para acelerar las acciones de respuesta frente a eventos climáticos extremos. El objetivo es mitigar los efectos de los desastres y fortalecer la capacidad de respuesta del banco, promoviendo la protección de la vida y la resiliencia comunitaria.
Una postal de la primera semana

Es la primera vez que cubro una COP. Hasta ahora no me había planteado participar porque me interesa estar cerca de las soluciones que nacen en los territorios, de los saberes locales y de quienes emprenden en contextos difíciles. Esta cumbre, en cambio, me resultó especialmente relevante porque volvía a América Latina, porque se esperaba una fuerte participación social y porque, en un escenario global tan polarizado, ofrecía la posibilidad de acercarse a la esperanza.
La logística fue compleja y los desafíos de la Amazonía estuvieron siempre presentes. En un momento en el que se discute si estos espacios son greenwashing, si realmente sirven o cuál es su impacto, vi de todo: personas que buscaban la foto, eventos paralelos poco convocantes, y también diálogos genuinos, movilizaciones potentes y conexiones entre actores que trabajan en agendas similares y que pueden potenciarse mutuamente.
Hay mucho por mejorar en estos espacios, pero también una certeza: siguen siendo necesarios e importantes para poner voces, problemas y soluciones sobre la mesa global.
Hasta aquí llegamos hoy. Los leo en [email protected]
Hasta el martes,
Flor.