¿Qué hacer con medicamentos vencidos y en desuso para que no contaminen?
Al ser desechados, los remedios vencidos o en desuso, son contaminantes y tóxicos. A falta de una legislación nacional, existen a lo largo del país distintas iniciativas para gestionarlos en forma responsable.
Gabriela Ensinck
enero 18, 2024

En la mayoría de los hogares se acumulan medicamentos en desuso o vencidos, que, al ser desechados junto a la basura común, resultan contaminantes y tóxicos. En Argentina, no hay una legislación nacional que regule qué hacer con los remedios que ya no usamos o cómo descartar aquellos que están vencidos. Sin embargo, existen distintas iniciativas a nivel local que involucran la recolección diferenciada y gestión de estos desechos, y también existe un banco solidario de medicamentos.

En la localidad entrerriana de General Ramírez, a 70 kilómetros de la ciudad de Paraná, se implementó a partir de 2021 un sistema para gestionar medicamentos vencidos o en desuso de origen domiciliario. Para esto, se colocaron cestos de color rojo en las farmacias y en el centro de salud municipal, donde los vecinos llevan este tipo de residuos, para su recolección y gestión diferenciada.

El proyecto, liderado por el farmacéutico y docente Gustavo Perrén, junto al colegio de farmacéuticos local, incluye una amplia campaña de educación y difusión, tanto en las escuelas, como en medios de comunicación y carteles en los comercios.

“Todo comenzó a partir de un trabajo de estudiantes secundarios de un colegio de la zona, sobre el impacto de los medicamentos cuando son desechados al ambiente”, cuenta Perrén. “Ellos hicieron una encuesta, que determinó que en el 85% de los hogares, los medicamentos que ya no se usan o están vencidos son desechados junto a la basura común, o por el inodoro. Sumado a esto, la mayoría de las personas no revisa con frecuencia los botiquines, y acumula medicamentos que ya no necesita, y que han perdido su eficacia, pero no su toxicidad”, dice el farmacéutico.

“Esto genera enormes problemas porque son residuos bioacumulables y ecotóxicos. Esto quiere decir que se van acumulando en el ambiente y modifican los ecosistemas. Hay estudios que muestran que los restos del Diclofenac generan problemas en función renal de aves y otros animales; y los anticonceptivos eliminados por orina producen estrogenización (feminización) en peces. De igual modo, las personas que manipulan estos residuos se pueden intoxicar también”, señala el profesional.

“Una vez hecho el diagnóstico, queríamos proponer una solución y a partir de allí, se generó una red de farmacias ecológicas y presentamos la iniciativa al Concejo Deliberante”, cuenta Perrén. De este modo, Ramirez fue la primera ciudad entrerriana en contar con una ordenanza sobre medicamentos vencidos de origen domiciliario, a la que siguió la ciudad de Paraná. Y a partir de la difusión que realizó el colegio de farmacéuticos, otras localidades del país se inspiraron en esta iniciativa para crear sus propias ordenanzas. Además, en 2023 la iniciativa resultó ganadora del premio “Acciones Positivas” que otorga la Cámara de Comercio Argentino – Suiza.

Remedios locales para un problema global

En la provincia de Tucumán, una iniciativa de la Facultad de Bioquímica, Química y Farmacia de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) se dedica a recolectar medicamentos en desuso y vencidos de origen domiciliario, para su gestión mediante el encapsulado. Este método —contemplado por la Ley de Residuos Peligrosos y la Organización Panamericana de la Salud (OPS)— consiste en introducir los productos farmacéuticos en de un bloque de plástico o acero. Este material es utilizado para la fabricación de mobiliario urbano como bancos de plaza.

En países como Suiza y España, existen leyes de “responsabilidad extendida” que obligan a las farmacias a recibir los medicamentos vencidos o en desuso de origen domiciliario. En Argentina, el descarte de productos farmacéuticos está regulado por la Ley de Residuos Peligrosos. Esto contempla a los centros de salud como hospitales, clínicas, centros de atención primaria y farmacias, pero nada dice de los medicamentos acumulados en los domicilios.

No obstante, algunas cadenas de farmacias a lo largo del país están generando sus propias iniciativas, como el programa de descarte de medicamentos vencidos que realiza la Red Farmacias Central Oeste junto a los laboratorios Raffo y Nolter. Para esto, se dispusieron cajas especialmente diseñadas en todas las farmacias de la red; las cuales son recolectadas por la firma Hábitat Ecológico, que se encarga de su tratamiento y disposición final. Allí pueden descartarse medicamentos vencidos, deteriorados o parcialmente consumidos en sus envases o blíster con pastillas. Quedan excluidos algodones, jeringas, gasas, agujas, y tests (de Covid o embarazo.) Las cajas o prospectos de cartón pueden descartarse domésticamente o colocarlos en los contenedores verdes de las farmacias.

En el caso de los medicamentos en desuso que no están vencidos, sobre todo aquellos que son costosos como los oncológicos, existen algunas instituciones que los reciben en donación, como el Banco de Medicamentos de la Fundación Tzedaká. La institución, con sede en la Ciudad de Buenos Aires, tiene casi 30 puntos de entrega en el área metropolitana y el interior del país.

El Banco recibe medicación de todo tipo: desde analgésicos como el ibuprofeno o antibióticos, hasta remedios de uso poco frecuente. Además de encontrarse en buen estado de conservación, cada remedio debe tener una fecha de vencimiento al menos 6 meses posterior. Reciben cajas aunque estén abiertas. También blísteres sueltos, preferentemente completos. Pero en el caso de frascos, cremas, aerosoles, soluciones, jarabes o ampollas bebibles, deben estar herméticamente cerrados.

El uso responsable de los medicamentos implica la no automedicación y la adherencia a los tratamientos. “Muchas veces, los medicamentos quedan sin uso porque no se cumplen las dosis indicadas. En el caso de los antibióticos, esta es una de las causas de la resistencia bacteriana”, dice el farmacéutico Gustavo Perrén. “Además, si no son guardados correctamente o quedan al alcance de los niños, pueden provocar intoxicaciones hogareñas. Por eso, además de leyes, necesitamos un cambio conductual”, concluye.