Adaptación agrícola en Haití: Innovadoras soluciones para enfrentar el cambio climático y fortalecer la resiliencia
Técnicas sencillas y asequibles de gestión de los recursos hídricos y agrícolas ayudan a los agricultores a adaptarse a las catástrofes naturales y al cambio climático
Otra Economía
agosto 24, 2023

Derniella Noel esperaba poder producir este año suficientes frutas y hortalizas en sus tierras de Maïssade, una comuna del centro de Haití, para obtener unos ingresos decentes y alimentar a su familia de cinco miembros. Pero tampoco fue posible este año. Así que decidió trabajar también como veterinaria y profesora.

En los últimos años, Derniella, madre de 49 años y agricultora en pequeña escala de toda la vida, ha visto cómo el clima cambiaba de forma significativa. Ello combinado con desastres naturales recurrentes como huracanes, inundaciones y sequías, hace que la agricultura ya no genere ingresos suficientes para su familia.

Haití se ha visto cada vez más azotada por catástrofes naturales y los efectos del cambio climático en la isla son flagrantes. Las comunidades rurales han debido enfrentarse a un riesgo elevado de perder sus cosechas y a la falta de recursos para hacer frente a la variabilidad climática. Al igual que Derniella, muchos agricultores se han visto obligados a diversificar sus actividades y encontrar fuentes de ingresos alternativas para mantener a sus familias.

La gestión de los recursos hídricos ha sido un motivo de especial preocupación. Al llover menos que en años anteriores, los agricultores han tenido que buscar otras formas de regar sus cultivos. Este ha sido uno de los principales retos que el proyecto de refuerzo de la adaptación agrícola (SAGA, por sus siglas en inglés), ejecutado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), ha ayudado a los agricultores a afrontar. 

“El cambio climático nos afecta enormemente. Nos resulta más difícil cultivar nuestros huertos por la falta de proximidad al agua. Para regar nuestras parcelas, tenemos que caminar hasta una hora para llegar al río y sacar agua de allí”, explica Derniella.

Como solución eficaz, el proyecto SAGA, financiado por el Gobierno de Quebec, ayudó a los agricultores a implementar un sistema de riego por goteo con barriles de plástico, conocidos como tambores. Se colocan uno o varios barriles en un lugar elevado y se conectan a mangueras o tuberías que distribuyen el agua a los cultivos situados debajo. Cada tambor contiene 208 litros de agua, y los agricultores pueden fabricarlos y mantenerlos fácilmente con recursos limitados. Este sistema es un método barato y sencillo de regar pequeñas parcelas.

“Una vez que llenamos los barriles de plástico, podemos pasar varios días sin ir al río a sacar agua”, afirma Derniella.

Para los pequeños agricultores que dependen de la agricultura como medio de vida y representan la mayoría de la población rural de Haití, soluciones como esta son clave.

“Llevamos varios años sufriendo los efectos del cambio climático”, indica Tilus Baudelaire, de 38 años. Él también ha visto disminuir su producción en los últimos años.

“La temporada de lluvias se ha vuelto muy irregular. Para los que practicamos la horticultura comercial, esto perturba mucho nuestra actividad, porque la horticultura no puede adaptarse a los regímenes de lluvias, sino que depende del riego regular, ya sea mediante bombas o utilizando el sistema de goteo con barriles de plástico”, explica.

En Haití, el proyecto SAGA ha estado trabajando con socios sobre el terreno, entre ellos el Centro de Estudios y de Cooperación Internacional, para ayudar a los agricultores a adaptarse al cambio climático, los fenómenos meteorológicos extremos y las fluctuaciones del mercado. A través de grupos de escuelas de campo para agricultores, están aprendiendo a aplicar técnicas de gestión integrada de los recursos hídricos y a utilizar calendarios de cultivo para que la producción pueda continuar incluso cuando las lluvias escasean o sobreviene la sequía.

También están aprendiendo métodos prácticos de negocio y comercialización, como la puesta en común de recursos para adquirir insumos y servicios agrícolas y la venta en grupo de los productos recolectados.

Tilus señala: “A través del proyecto SAGA, aprendimos varias técnicas durante nuestras sesiones de capacitación, incluida la gestión eficaz de los recursos hídricos para evitar el desperdicio (de agua)”.

“Hemos aprendido también a preparar el terreno. No podemos regar al estilo antiguo. El sistema de riego por goteo con barriles de plástico, introducido el año pasado, se adapta mejor a las parcelas pequeñas”.

Este sistema de riego por goteo incrementó los rendimientos en torno a un 50 % en comparación con otros métodos de suministro de agua.

Para Derniella, el mayor rendimiento de su explotación ha impulsado sus ingresos, y ahora es más independiente y puede mantener mejor a su familia. Con el tiempo, espera poder centrarse en la agricultura sin tener que realizar varios trabajos al mismo tiempo.

“El proyecto SAGA ha resultado muy beneficioso para nosotros. Seguiremos compartiendo estos conocimientos en todas las escuelas de campo para agricultores de nuestra comunidad para ayudar a gestionar mejor las huertas comerciales y producir hortalizas para la venta, pero también para la alimentación familiar”.

Ahora Tilus tampoco depende de la lluvia para tener agua con la que regar sus tierras, gracias a las técnicas que aprendió durante su capacitación.

“Antes trabajábamos de forma convencional. Ahora sabemos cómo tratar el suelo, cómo cuidar las plantas enfermas, cuándo y cómo fumigar nuestros huertos. Cuando trabajamos con técnicas de precisión, utilizamos menos recursos. Así que el proyecto nos ha ayudado aportándonos conocimientos técnicos sobre prácticas agrícolas sostenibles”, afirma Tilus.

El enfoque del proyecto SAGA en los pequeños agricultores, con especial atención a las mujeres y los jóvenes, y los enfoques comunitarios en Haití son cruciales no solo para la seguridad alimentaria y los medios de vida de la población rural, sino también para la resiliencia y la sostenibilidad de todo el sistema agroalimentario del país.

Con el apoyo del Gobierno de Quebec, el proyecto SAGA ha estado trabajando desde 2018, ayudando a las comunidades a desarrollar su resiliencia y capacidad de adaptación al cambio climático en Haití y el Senegal. Este año, el proyecto se amplía a Côte d’Ivoire.