Post-fast-fashion: cuáles son los desafíos que enfrenta la moda para ser más sostenible
Florencia Tuchin
abril 18, 2023

¡Hola! Soy Dafna Nudelman, aunque muchos me conocen mejor como @lalocadeltaper, mi alter-ego devenido en proyecto de educación ambiental. Me presento para quienes no me conocen: desde las redes sociales activo y hago divulgación sustentable, sobre economía circular y consumo responsable. Soy consultora y también escribí un libro sobre Cómo rompimos el mundo (y cómo podemos arreglarlo), por editorial Paidós.

Soy fan de Otra Economía y me siento honrada con la invitación de Flor para que les escriba este número, así que aprovecho a agradecer públicamente por su trabajo (y por confiar en mí) ¡Gracias Flor!

Hoy les propongo conversar sobre el fast-fashion y qué está haciendo la industria de la moda para ser más limpia y más justa. Les traigo algunos emprendimientos de triple impacto que todos deberían conocer, una reflexión sobre el greenwashing y algunos otros datos que espero les resulten útiles e interesantes. ¿Empezamos?


Post-fast-fashion: cuáles son los desafíos que enfrenta la moda para ser más sostenible

La moda rápida o «fast fashion» es la misma industria de la indumentaria de siempre, que se ganó ese nombre hace unas décadas cuando empezó a producir ropa en volúmenes inmensos y a precios muy muy bajos. Hoy somos conscientes de que la industria logró esos valores de producción bajísimos a costa de externalizar sus costos, con graves consecuencias ambientales y sociales.

Externalizar los costos significa que la empresa no paga por ninguno de los pasivos ambientales que genera su producción, ni la contaminación de fuentes de agua con sus efluentes químicos tóxicos que resultan de sus procesos, lavado y teñido de las prendas, ni las emisiones de gases de efecto invernadero a lo largo de toda su cadena de valor (que se estiman entre el 5 y el 10% global, depende cómo se contabilice), ni la degradación ambiental causada por los cultivos para las fibras naturales, ni la contaminación plástica que generan las microfibras sintéticas, ni las toneladas de desechos en forma de saldos y ropa que no se logra vender y termina desparramada en países del sur (las imágenes del desierto de Atacama cubierto de montañas de ropa son la viva imagen de esto), y podríamos seguir.

Pero principalmente son las externalidades sociales con las que la industria ahorra muchísima plata, gracias a que las condiciones laborales en las fábricas son altamente precarias y de mucha explotación. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los trabajadores de la confección en muchos países ganan menos de la mitad del salario mínimo, y trabajan en condiciones peligrosas, inseguras e insalubres. Esta eclavitud en pleno siglo XXI, quedó en evidencia hace 10 años, el 24 de abril de 2013, cuando el derrumbe de un edificio en Bangladesh dejó más de 1100 muertos y miles de heridos que estaban trabajando en talleres de indumentaria, en pésimas condiciones.

A partir de este suceso, desde 2015 se celebra en abril la Fashion Revolution Week. La organización y el evento, global y replicado localmente en cada país y ciudad, busca concientizar sobre la problemática y promover la transparencia y la ética para construir una industria de la moda que sea limpia, segura y justa. Nos invita a preguntarnos ¿Quién hizo mi ropa? En Argentina, Fashion Revolution Argentina.


Lo que se está haciendo…

Brindar más transparencia sobre la cadena de valor, procesos y políticas es clave, Fashion Revolution elabora un reporte cada año sobre las 250 marcas más grandes e influyentes a nivel global y elaboran el “Fashion Revolution Transparency Index” (acá se puede consultar el del año pasado), como forma de monitoreo y fiscalización del estado del mercado en cuanto a la transparencia, política y compromisos en diferentes aspectos como condiciones laborales, género y racismo, materiales, modelos de negocio, residuos, acción climática y más.

A la hora de generar cambios concretos en la forma de producción, algunas marcas empiezan también a elaborar sus textiles a partir de fibras naturales y materiales reciclados. En Argentina, StayTrue produce prendas unisex con algodón biodinámico, tintes naturales, y también impulsa la producción con otras fibras naturales y sostenibles como el cáñamo. Y en escalas mucho más masivas, las empresas TN&Platex y Le Utthe, fabrican hilados de algodón reciclado con el desperdicio textil que se genera en confección, evitan el teñido, ahorran agua y energía y reducen enormemente los residuos textiles.

Pero si bien hay formas de producir ropa nueva de forma más sostenible, mientras la producción siga creciendo en volumen, no abordamos el problema estructural del modelo: estamos fabricando demasiada ropa y la usamos poco tiempo.

Acá es cuando entra la filosofía del Slow-fashion, que promueve un enfoque más consciente y sostenible, fomenta hacer y tener menos prendas, pero que sean de mayor calidad y durabilidad, en lo posible eligiendo fuentes y procesos sustentables y justos. Un ejemplo es LimayDenim que fabrica jeans y prendas sin género, robustas, de calidad y perdurables, y procuran una producción local, consciente, a demanda, hecha en cooperativas de economías populares.

En escalas más artesanales podemos encontrar incontables emprendimientos que crean nuevas prendas únicas a partir de prendas descartadas, Chucara, Dacal, y Sanchez de Pino son sólo algunos, y cada vez más proyectos se suman a la Red de rescate de descarte textil que impulsa Segundas Oportunidades.

Sin embargo, al reducir la escala, complejizar los procesos e internalizar los costos, especialmente los salarios dignos de la mano de obra, el valor final de las prendas, si bien es justo, pasa a resultar inaccesible para la mayoría de los consumidores, por lo que tampoco es una solución que resuelva el problema de base. Quizás, deberíamos hacer menos ropa nueva.


Moda circular, o casi…

Como diría Carl Elefante “La prenda más sustentable es la que ya existe”, y así es como los últimos años explotó la tendencia a compra de ropa de segunda mano, se multiplicaron las propuestas que ofrecen “moda circular” y van desapareciendo los prejuicios de la gente sobre comprar ropa usada. Comprar usado evita todo el impacto de la producción de nuevas prendas y reduce la cantidad de ropa que termina en los vertederos.

Personalmente, creo que es la estrategia que más me cierra y practico como consumidora, pero no está libre de debates. La “moda circular”, si no se tiene cuidado, puede no ser tan circular. Algunas iniciativas usan el discurso sustentable para atraer consumidores conscientes que buscamos comprar usado, pero se alimentan de prendas de fast-fashion que les proveen los consumidores que siguen comprando ropa nueva (pero ahora sin culpa porque tienen dónde venderlo cuando se aburren), lo que puede convertirla en una solución superficial que solo perpetúa el modelo de consumo lineal. ¿Cuánto mejor es comprar fast-fashion de segunda mano? No tengo la respuesta, pero dejo la pregunta para debatir. El punto es que la “moda circular” tampoco es una solución mágica, sino que es parte de las muchas medidas que se necesitan, pero es importante que los consumidores y los propios locales sean críticos y reflexivos sobre las marcas y el origen de los productos que eligen vender.

Lo cierto es que al final del día, necesitamos repensar la forma de producir y consumir; reducir nuestro consumo de moda en general, reparar y cuidar la ropa que ya tenemos. Resumido en 6 palabras: “Comprar menos, elegir mejor, hacerlo durar” – Viviane Westwood.


Prendas y accesorios con materiales nuevos y no tan nuevos

Más uso: en la bioferia 2023 pude tocar y experimentar cómo se siente el biocuero hecho a partir de residuos orgánicos que desarrolla Rocío desde su emprendimiento Más uso. Desde Mar del Plata experimenta e innova con biomateriales y logró replicar un textil símil cuero a partir de cáscaras de banana, hierbas del gin tonic, hongos, yerba, carbón y otros. Hoy, ella está produciendo accesorios y hasta botas con su material. Me entusiasman estos desarrollos porque las alternativas no-animales del cuero, no tienen nada de “eco” como le dicen. Todos experimentamos cómo los artículos de cuero sintético se desintegran en partículas de microplástico imposibles de gestionar.

Cazaparaguas: si se me permite un poco el autobombo les quiero comentar sobre un proyecto propio: @cazaparaguas. En 2018 empecé a llevarme los paraguas que encontraba tirados en la calle, y pensé que había que hacer algo para aprovechar estas telas, impermeables y muy resistentes, que quedan inutilizadas cuando se rompe el mecanismo del paraguas (y que muchas veces ni se puede ni vale la pena reparar). Junto al Club Social de Costura nos aliamos en este proyecto de triple impacto para hacer pilotos de lluvia realizados a partir de las telas de paraguas descartados (en la vía pública o por fallas de producción). Ganamos el Premio a mejor Producto Sustentable de Puro Diseño 2022, y este mes recibimos el reconocimiento del Sello del Buen Diseño Argentino.


Programa Espuma: jabonería social de triple impacto

Quizás todos sepamos que se puede hacer jabón con el aceite de cocina usado, pero Programa Espuma expande este concepto y va un poco más allá. Con sus jabonerías sociales en territorios vulnerables de todo el país, buscan la inserción de personas que, por distintos motivos, se encuentran por fuera del mercado laboral. Ellos elaboran no sólo jabón de manos, sino también detergente sólido, jabón en polvo para lavar la ropa y el detergente natural líquido más desengrasante que probé. Sus productos no llevan aromatizante, colorante ni conservantes artificiales, logran todo reciclando cáscara de cítricos, y toda su producción es cero residuos. Durante abril están exponiendo el trabajo de la jabonería en una muestra performativa en el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (MACRO).


¡Greenwashing alert!

Una empresa de ropa estadounidense armó por el mes de la tierra, una campaña de lanzamiento de una curiosa nueva línea totalmente natural, sin impacto ambiental, consciente y transparente. Ropa hecha con aire. ¿Qué? ¿Decís que no es posible? Es cierto, el objetivo de la campaña era precisamente enfrentarnos al greenwashing más burdo, para estar más alertas de lo fácil que nos pueden engañar con algunas palabras clave, cuando nos dicen lo que queremos escuchar.


Para tomar nota

  • Premio Nacional Argentina Economía Circular. La iniciativa busca reconocer y poner en valor las prácticas que mejor promuevan la transformación del país hacia una Economía Circular. La convocatoria cierra el 30 de abril. Más información acá.
  • Emprender Mujeres. Es un programa de inversión directa para apoyar emprendimientos liderados por mujeres. Financiamiento directo (ANR) de hasta $10 millones. Más información acá.
  • «Multiplicar Valor». CreerHacer, junto al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, lanzó un programa de mentorías para acompañar a 150 emprendedores de barrios populares. Se busca sumar 20 mentores. Quienes quieran sumarse y ser parte de este proyecto, solo tienen que anotarse en el siguiente link.

Hasta aquí llegamos hoy. Me pueden contactar en @lalocadeltaper o por mail a [email protected] y seguimos conversando.

Dafna.